Los dragones de Cuera Los vigilantes del infinito norte

Dragón de Cuera

Los dragones fueron una fuerza militar que utilizaron diversos países europeos, como Francia, Reino Unido, Suecia y también España, entre mediados del siglo dieciséis y principios del siglo diecinueve. Eran un cuerpo de élite que generalmente estaba compuesto de caballería, aunque también podían luchar como infantería. En esta entrada vamos a dedicársela en exclusiva  a los conocidos como dragones de cuera, unas tropas que operaban en la frontera norte del Virreinato de la Nueva España.

Una vez que los castellanos tuvieron conquistado todo el territorio centroamericano y mexicano, este fue organizado en el Virreinato de Nueva España. Hay que tener en cuenta que la frontera norte de este territorio no corresponde en absoluto con la frontera norte del México actual, ya que inicialmente la frontera norte en época castellana llegaba por el oeste hasta casi la frontera del actual Canadá, mientras que por la parte central la frontera superaba el actual territorio de Texas y se adentraba en lo que hoy es Oklahoma. Posteriormente, una vez que los Chichimeca fueron derrotados, la frontera siguió avanzando hacia el norte llegando por el oeste hasta la actual Alaska y por el centro de oeste a este llegaba desde California hasta Florida, en una frontera de más de tres mil kilómetros.

Para defender toda esa enorme cantidad de kilómetros de frontera la monarquía hispánica estableció una línea de fuertes (llamados por los españoles presidios) que controlasen y contuviesen a los diversos pueblo que habitaban esos territorios. Los presidios solían ser de reducidas dimensiones, con forma rectangular y construida en piedra o adobe. Eran una efectiva forma de control de un vasto territorio que solamente era desierto y llanura, sin edificaciones, y para indicar claramente a los pueblos indígenas que ese territorio pertenecía a la Corona española. Eran la única representación visible del dominio español en tan vasto y desértico territorio.

A ese territorio que hoy es parte de los Estados Unidos habían llegado durante la segunda mitad del siglo dieciséis y principios del siglo diecisiete misioneros españoles y algunos colonos que levantaron los primeros asentamientos de aquella tierra, aunque entre un asentamiento y otro podían existir distancias de cientos de kilómetros. Para defender a esos primeros habitantes castellanos en aquellas tierras la Corona creó a semejanza de los dragones franceses que luchaban en las guerras europeas de esas décadas, una fuerza especial a la que se denominó Tropas Presídiales, pero que todo el mundo conoció como Dragones de Cuera, cuya misión era defender aquellas tierras frente a los pueblos indígenas. Inicialmente fueron los Chichimecas el pueblo más peligroso, pero una vez eliminados por los españoles surgieron otros grupos indígenas ya en el siglo dieciocho, destacando los Apaches, los Sioux y sobre todo los Comanches.

Los Dragones de Cuera eran un cuerpo especial dentro del ejército de la monarquía hispánica que al igual que los dragones europeos eran esencialmente una fuerza de caballería que además estaba preparada para desmontar cuando fuera necesario y convertirse en infantería. Se les llamaba de cuera porque llevaban unos chalecos hechos con siete capas de piel, las llamadas cueras, que ofrecían una buena resistencia contra las aras de los indígenas.

El uniforme de los Dragones de Cuera quedaba regulado en el reglamento del año 1772: “El vestuario de los soldados de presidio ha de ser uniforme en todos, y constará de una chupa corta de tripe, o paño azul, con una pequeña vuelta y collarín encarnado, calzón de tripe azul, capa de paño del mismo color, cartuchera, cuera y bandolera de gamuza, en la forma que actualmente las usan, y en la bandolera bordado el nombre del presidio, para que se distingan unos de otros, corbatín negro, sobrero, zapatos y botines”.

En cuanto al armamento, este tuvo que ser diferente al que las tropas “dragones” utilizaban en Europa, ya que el tipo de guerra también era diferente al que se encontraban en el Viejo Continente. Al no enfrentarse a otro ejército como ocurría en Europa, sino que más bien eran escaramuzas a campo abierto contra los indios,  los “dragones” españoles portaban un equipo bastante completo que se componía generalmente de dos pistolas y una escopeta como armas de fuego, una espada y una lanza de caballería, aparte de un pequeño escudo (las típicamente españolas adargas ovaladas o rodelas circulares). Además, cada soldado tenía a su disposición seis caballos y una mula o un potro para poder ir rotando la montura y recorrer largas distancias sin necesidad de tener que parar para dar descanso al caballo.

En cada presidio habitaba una compañía de dragones que se componía de un capitán, un teniente, un alférez, un sargento, dos cabos, un capellán y  entre cuarenta y cincuenta soldados. Además y según las circunstancias lo requirieran o no, se les asignaba a cada compañía un número variables de indios de algunas tribus aliadas con los españoles. Con ese escaso personal el capitán de la compañía tenía que asegurar tanto la seguridad del presidio como del territorio asignado al mismo que solía ser de cientos de kilómetros cuadrados.

El ingreso a los Dragones de Cuera era absolutamente voluntario y se firmaba una permanencia en esta unidad de diez años que podían ser prorrogables. Al principio la composición de estas unidades era completamente de procedencia del imperio español pero poco a poco empezaron a entrar en ellas mulatos y mestizos de la América española, así como indios. Entre 1773 y 1781, el 50% del ejército era español, el 37% mestizo o mulato y el resto de procedencia india, aunque la práctica totalidad era nacida en el Virreinato de Nueva España. Solo los altos mandos eran europeos, de los diversos territorios que la Corona española tenía en Europa

La ventaja que ofrecía tener las tropas nacidas en territorio americano era que conocían perfectamente el territorio lo que les hacía más eficaces. Cualquier soldado no podía pertenecer a esta unidad de élite debido a la dureza de la tierra, donde tenían muchas veces que dormir al raso a temperaturas bajo cero, unido al hambre y a las enfermedades hacía que estos soldados tuvieran uno de los trabajos más duros que existían en la Edad Moderna.

 

Durante el siglo dieciocho se produjo la guerra entre las tropas españolas y el pueblo conocido como los Comanches. En 1719 realizaron su primera incursión para capturar caballos en Nuevo México. A partir de entonces, las entradas de este grupo indígena dentro de las fronteras españolas fueron constantes para saquear una gran cantidad de productos alimenticios y caballos que tenían los españoles. Para los Dragones de Cuera, las cosas se complicaron sobremanera a partir de 1745 y 1746 cuando los ataques aumentaron tanto en frecuencia como en intensidad, ya que los Comanches venían ahora equipados con armas de fuego que los comerciantes franceses les vendían a cambio de caballos españoles. Durante las dos décadas siguientes, los combates entre españoles contra Comanches, entre españoles contra otras tribus y esas otras tribus contra los propios Comanches se recrudecieron convirtiendo esa zona es una zona de guerra permanente.

De todas las expediciones españolas en la zona destacamos a dos por la importancia que tuvieron, la de Pedro Villasur y la de Juan Bautista Anza. La expedición liderada por Villasur fue una expedición española ocurrida en el año mil setecientos veinte con el objetivo de inspeccionar la creciente presencia francesa en la región de las Grandes Llanuras que había comenzado en el año mil setecientos catorce. Esta expedición estuvo conformada por cuarenta y cinco soldados españoles, entre sesenta y setenta indios y doce apaches que iban de guías. Además se contaba como guía principal e intérprete con José Naranjo, un zambo (zambo se le llamaba en América al hijo o hija de padre negro y madre india) que conocía la región y la lengua ya que su madre era Hopi, que habitaban la región central de las Grandes Llanuras; Juan Mínguez, fraile dominico; Francisco Sistaca, un Pawnee que había sido esclavo de los españoles y el comerciante francés Jean L´Archevêque, experto en conocer la zona.

La expedición partió de Santa Fe el dieciséis de junio del año mil setecientos veinte. Tras recorrer unos ochocientos kilómetros hasta el actual Estado de Nebraska llegaron a territorio Pawnee y entablaron contacto a través de Sistaca. Pero este desapareció el trece de agosto. A la mañana siguiente, los Pawnee junto a tropas francesas y quizás Sistaca atacaron a los españoles. En pocos minutos la batalla había acabado y habían fallecido treinta y cinco españoles, incluidos Villasur y Naranjo, y once indios. Los supervivientes llegaron a Santa Fe el seis de septiembre. Esta expedición marcó durante décadas el fin de la influencia española en la zona de las Grandes Llanuras, que pasó a manos francesas, hasta que en 1762 se formó la Luisiana española.

En 1779 el monarca Carlos III nombró a Juan Bautista de Anza, Gobernador de Nuevo México y le otorgó la misión que tuvo como objetivo destruir a los Comanches  para dar por finalizada la guerra tras años de luchas constantes entre los españoles y los grupos indios.

Juan Bautista de Anza comprobó en el camino a Santa Fe los daños causados por los comanches. Reunió a los colonos y a los indios afectos y planeó una incursión hasta la Comanchería, lugar donde los Comanches se refugiaban, en el actual Colorado, para asestar un golpe definitivo a los rebeldes. En agosto del año 1779 reclutó un centenar de soldados de Santa Fe, doscientos voluntarios y más de doscientos indios, a los que se unieron en el trayecto tropas procedentes de Sonora y un puñado de guerreros Utes y Apaches. A estos últimos se les prometió que el botín se repartiría entre todos por igual.

El tres de septiembre, con apenas cincuenta hombres a su lado, Cuerno Verde, cabecilla comanche, se parapetó con los caballos y se batió pie a tierra contra seiscientos enemigos. “Una tan vizarra quanto gloriosa defensa”, escribió Anza más tarde. Murieron el cabecilla comanche, su hijo primogénito, otros cuatro jefes, diez guerreros y un hechicero que le había convencido de que era inmortal. Posteriormente, los españoles intentaron reunificar a los Comanches con los Utes y Apaches.

A finales del siglo dieciocho los Dragones de Cuera entran en desuso debido a las mejoras de las armas de fuego que provocaron que fuera mejor realizar las incursiones con unidades de infantería más ligeras. Desaparecieron por completo en el año 1815.

 

BIOGRAFÍA

  • GARCÍA BLANCO, Javier. Juan Bautista Anza. un vasco a la “conquista”  de California, en Historia de Iberia Vieja, nº 75, 2011, pp. 20-26.
  • LÓPEZ JIMENEZ, José Enrique. “Cueras de Sangre. La Expedición de Pedro de Villasur“. 2016. España. Amazon.
  • MARTÍNEZ LÁINEZ, Fernando y CANALES TORRES, Carlos. Banderas lejana, Edaf, Madrid, 2009.
  • PINO, Pedro. Noticias Históricas y Estadísticas de la antigua provincia del Nuevo Méjico. Cádiz, 1812.

En la próxima entrega tratará sobre Lautaro, el líder mapuche que lidero la resistencia de ese pueblo contra los castellanos en los años centrales del siglo dieciséis.