Documentación poética

El etnógrafo-artista, trabaja con su memoria, con su capacidad de escritura, con su cuerpo y sobretodo con la intuición y el asombro. De qué clase de escritura, registro y documentación hablamos cuando se trata de una etnografía artística. Pienso en la propuesta de Dennis Tedlock de desarrollar una “etnopoética como poesía descentrada”; es decir, un intento de oír y leer las poesías de otros distantes, fuera de la tradición occidental. Desde este punto de vista, practicar la etnopoética implica tratar la relación entre el acto y el texto como campo experimental. En este caso es necesario tomar en cuenta, las palabras, los silencios, la intensidad, los cambios en el tono de voz, los sonidos, los gestos etc. El practicante de la etnopoética es un antropólogo-poeta que crea textos abiertos. Ello implica que el etnógrafo se desarrolle como escritor y que su escritura revele el proceso dialógico, es decir, el proceso de afectación mutua entre los participantes de la investigación como un largo proyecto conversacional en el que el aprendizaje ocurre en distintas direcciones y produce finalmente un texto antropológico o un proceso artístico.

El desarrollo de una escritura poética puede tener diversos soportes y expresarse por medio de distintos lenguajes. Lo que propongo es crear una documentación poética. Documentar poéticamente, acercarse con la mirada a un contexto, a un proceso. Comprender desde la sensibilidad y la intuición la manera como las cosas aparecen, se hacen visibles, se imaginan. Y decir, recordar o ensoñar a través de las imágenes y el sonido; define una intencionalidad y hace posible la condensación y la unidad entre distintas dimensiones del hacer y del contexto de creación.

Documentar en este sentido es hacer memoria y reorganizar el discurso, creando a partir del lenguaje mismo, escrutando las posibilidades de la imagen y del sonido. Se trata de generar una nueva sintaxis del proceso vivido y compartido. Considero que la imagen y el sonido poseen una dimensión simbólica y epistémica, al aportar informaciones y ser modos de representación de saberes que nos permiten conocer formas de vida y formas de mirar el mundo. Al mismo tiempo, tanto la imagen como el sonido, poseen una dimensión estética, es decir, la imagen produce sensaciones en quien la mira y en quien la crea; el sonido también tiene la capacidad de afectarnos poderosamente, al revelarnos un universo de emociones y texturas sonoras que cohabitan con nosotros, pero suelen pasar desapercibidas.

La documentación poética es una manera de integrar distintos lenguajes y disciplinas. Usar el lenguaje visual y el sonoro en su dimensión estética conlleva a la creación de un ambiente de impresiones sensibles, evocaciones e intuiciones.

La documentación poética permite comprender y comunicar de manera no lineal y polifónica. Nos permite ver y oír varias líneas melódicas a la vez, separadas y juntas. La realización de un registro poético, la creación de imágenes, de piezas sonoras o audiovisuales conlleva el desarrollo de una “sensibilidad migrante” que a su vez implica una cierta curiosidad y duda. Salman Rushdie habla de la “sensibilidad migrante” como esa suspicacia que tienen hacia la realidad aquellos que por alguna razón han migrado de sus lugares de origen hacia otra parte teniendo que tejer una nueva trama de existencia. Hay una posición intersticial en el que migra, en el que viaja. El hecho es asumirse como migrantes y poetas, de esto se trata, el viaje del etnógrafo como el del migrante es mucho más que un desplazamiento, se trata de viajes de conocimiento, de desprendimiento y de incertidumbre, inestabilidad que hace posible esa “sensibilidad del que se mueve” y accede a la poética de cada instante. La documentación poética nos acerca a la energía de los contextos, de los movimientos y de la interacción.


Remontar el viaje from Iberoamerica Social on Vimeo. (Realización y cámara: Patricia Tovar)