Despojo, miseria y pobreza – Orteguita.

Las cosas no marchan bien del todo por las parcelas de los “indígenas” la larga historia conservadora y la lucha bipartidista todavía sigue naufragando en los alrededores de Ortega, la tierra del mal llamando “Indígena”  Manuel Quintín  Lame uno  de los pocos luchadores consecuentes con su vida, obra y pensamiento político, un punto de inflexión del pensamiento indígena latinoamericano y porque no de la consecución por reflexionar sobre la crisis muldimensional que vivimos.

La problemática tiene procedencia desde la violencia política, la concentración de la tierra, el gamonalismo politiquero, la lógica hacendataria y en palabras más escuetas una “cultura” tinterilla, insulsa y algo arrodilla en las tierras del SUR que tanto han vivido la represión de los gobiernos de turno. Parte de este fragmento se rescata en la narrativa política en la que se subsume Lame,  al ser liberado en 1921 Lame inicia un proceso de actividad política muy fuerte en el Cauca sin saber que por contradicciones de la vida llegaría al Tolima pero así sucedió. Sin embargo, la represión del momento, los grupillos de amigos y aliados fueron uno los momentos de  peor  experiencias, tanto que la represión lo obligo a trasladarse al SUR del Tolima.

Es así que,  el Sur que encuentra lleno de problemáticas sociales, una lucha aullante contra los indígenas, una débil organización al interior de las comunidades y un grito sin elocuencia como propuesta política  alterna del momento, un  diagnóstico frio puesto que la masacre, la represión y la invisibilización de las comunidades era más que uno hecho, sin contar el problema petrolero, la complicidad político gamonal y las dinámicas de la creación de caciques sin cacicazgos una historia que se está contando y que todavía merece un profundo análisis crítico, puesto que representa esa parte de la historia política local del Tolima, Colombia y latinoamérica.

Y a que viene todo esto, sencillo en estos momentos los pozos petroleros del Ortega están en pleno debate. Por una parte, la compañía manifiesta la intención de mejorar los salarios, establecer condiciones laborales- dignas y generar un tipo de “desarrollo” para la comunidad. Por otra, los indígenas paran la obra, sellan la empresa y reclaman dignidad por los suyos, sus empleos y condiciones materiales en el pueblo, pero no todo es así también existe al interior los intereses políticos, el celo económico y los favores por retener el mayor capital posible y generar una imagen de responsabilidad social.

La historia toma un sentido diferente pero con un fondo más cruel, las comunidades siguen en la pobreza, el despojo aumenta a lo largo del tiempo, la dignidad se encuentra en decadencia ya Lame lo mencionaba en los años 20 y 30 “Es necesario reconstruir el resguardo de Ortega y Chaparral para intentar superar la violencia de manera más sensible” son la fuente para organizar, enfrentar los problemas y hacerle un peso político a los asesinos, al blanco egoísta y al hermano mestizo mezquino con su discurso pusilánime. También resalta el horror, la pobreza y la pérdida de la memoria por estar tierras las tierras con un pasado colonial y un presente politiquero.

No solo se viven en Cucuana, Caracolí, la Vega y otras veredas que son el sustento de los obreros, campesinos y comerciantes que viven el diario  de la crisis del Sur, ahora llego de manera más profunda y politizada, los godos ya le echaron la mano al debate, los indígenas siguen en resistencia, golpeados, ignorados y aun más cambiándoles las reglas del juego, todo para ellos, poco para los de acá y los problemas ambientales no dan espera.

En últimas, la violencia se re-produce, la cultura se ha vuelto solo fiestas pueblerinas y la prácticas politiqueras compran hasta la conciencia del “ indígena” llegando al punto de que no se sabe para donde se va, que se tiene y que se perdió. Se vive en Orteguita: la tierra de la  miseria política, el despojo cultural y la violencia material.