Derecho de réplica

En México se vive más tensión de la acostumbrada, y la verdad es comprensible. No sólo por las condiciones actuales en las que se desarrolla la sociedad mexicana, sino por los escenarios posibles en los que se desarrollará en este año que apenas comienza y que está generando problemas.

Y digo problemas, en el sentido de preocupación por lo que viene y no por lo que ya está; el “gasolinazo” no es más que una bofetada con guante blanco que se le está dando a la gente de “a pie” que figura entre las más afectadas (y que lamentablemente conforman una gran parte de la población).

Los medios de comunicación siempre se han manejado por “la línea que tiran”, es decir, la ideología que predomina desde sus directivos, hasta sus trabajadores, pasando por las empresas que se publicitan en los mismos. Hay de todas ideologías, desde los radicales de izquierda, centro y derecha, hasta los conservadores dentro de las mismas agrupaciones, pasando por el oficialismo tan característico en México que ha dado paso a una serie de acciones que el gobierno ha realizado, sin tener hasta la fecha un castigo para los responsables (1968, 1971, 1997, 2014…). En este sentido, mi opinión es positiva en esta diversidad que permite la posición de los grupos ante hechos que afectan e incumben a todos.

No obstante, en lo que no estoy de acuerdo es el “acomodo” de la información para defender lo indefendible que se ha vivido en los últimos sexenios… En la Ley Reglamentaria del Artículo 6° Constitucional en Materia de Derecho de Réplica, en su Artículo 2° se define como derecho de réplica a “La facultad de toda persona a que sean publicadas o difundidas las aclaraciones que resulten pertinentes, respecto de datos o informaciones publicadas por medios de comunicación, relacionados con hechos que la mencionan, que sean inexactos o falsos”. En este sentido, es que surge inevitablemente la necesidad de hacer uso de este derecho ante las acciones por parte de “voces” (ya que no se le puede decir periodista a quien no tiene estudios en ello) que más que informar, tergiversan la información a través de “columnas” en periódicos cuya línea no es más que la oficialista.

Básicamente, el argumento de estas “voces” es el desprestigio hacia las movilizaciones que se están llevando a cabo por el incremento en el precio de la gasolina… que todos los que hacen eso son hipócritas y sustenta su tesis a partir de retomar “buenas estrategias de los últimos gobiernos mexicanos” como lo es: el TLC, la salvación encontrada ante el “error de diciembre”, la guerra contra el narcotráfico y más recientemente el incremento del combustible. Critican a aquellos que “piden que rueden cabezas”, pero que a final de cuentas terminan aceptando.

No obstante, es importante mencionar algunas precisiones de estos sustentos para dar el equilibrio correspondiente y que la gente forme su propio criterio.

Empezando con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC o TLCAN): su implementación estuvo marcada bajo el discurso político de la modernización de México y su incursión en el llamado “primer mundo”, sin embargo, lo que aquel presidente nunca mencionó fue el desastre económico y productivo en el que se puso el agro mexicano con la implementación del neoliberalismo en la década de los años setenta; tampoco mencionó las desventajas competitivas en las que se encontraba el país en comparación con los otros integrantes del tratado: EU y Canadá; y mucho menos anunció la eliminación de apoyos al campo para poder modernizar sus instalaciones y cadenas de valor. Todo esto desembocó en la diferenciación de zonas en el México agrario y agrícola, entre un norte tecnológicamente desarrollado que exportaba directamente a la unión americana y un centro-sur que se dedicaría a la producción interna de alimentos.

De la salvación del error de diciembre, bueno, primero que nada tendríamos que ver que dicha “estrategia” (organizada y tomada con Hilary Clinton) nunca hubiera sido necesaria si el error no hubiera aparecido… Curioso es que se premie y se enaltezca el remedio al error y no se critique la nula previsión ante movimientos de escala internacional que afectarían el peso mexicano y aumentaría la inflación. Sin olvidar que dentro de esas acciones se dio paso a la modificación del peso mexicano  que consistió en “quitarle tres ceros al peso”, lo cual significo una depreciación de 1000% en relación al dólar.

De la guerra contra el narcotráfico no sé de dónde puede haber algo de bueno. La verdad es que las cifras llegan a medio millón de vidas perdidas y calificadas como “daños colaterales” de una estrategia que hasta la fecha no tiene ni pies, ni cabeza. Una vez más atacan el problema (el narcotráfico) y no la raíz de ese problema: la falta de empleo, la pobreza en el agro mexicano, la pérdida del poder adquisitivo de la población, la cada vez más frecuente alza en los precios de la canasta básica, la falta de atención en incrementar la educación en el país, etc.

Y finalmente, del aumento en el precio de la gasolina. Extraño es que un país eminentemente petrolero, tenga un precio caro en la adquisición de combustible… el problema ha sido en este caso la falta de compromiso por parte del gobierno en modernizar este sector para construir refinerías que puedan transformar el crudo que se extrae día a día del suelo mexicano. En términos de alianzas, se veía venir el proceso de adquisición de “competencia” por parte de nuevos inversionistas que ya tienen las puertas abiertas para poder vender combustible. Lo que desencadenará este incremento en el precio será inevitablemente la inflación y por tanto el encarecimiento de la canasta básica.

Se acercan malas rachas y ante eso, lo único que aconsejan esas voces es “ponerse a chambear”, “dejar de andar de revoltoso” y “ver el lado bueno de todo”.

Decía Rosa Luxemburgo que quien no se mueve no siente las cadenas y en estos tiempos de cólera y de pérdidas, lo único que podemos perder son eso… las cadenas.

Y como cereza en el pastel, acaba de dar el C. Enrique Peña Nieto su primer mensaje del año… Cambios en su gabinete, (re)incorporación de personal y sobre todo la misma cantaleta: solidaridad ante los abates que se vienen, esperanza y unidad ante la situación que se trata de (des)controlar, justificación mediocre del incremento de la gasolina (por el precio internacional de la gasolina), reiteración de un compromiso aun no cumplido: velar por la estabilidad económica del país y finalmente… ¡Feliz años nuevo!