De-formarse en la creación

Ahora, la excelencia propia del hombre es su facultad de pensar; se superan y dominan todas las demás formas de vida; y cómo desenvolvimiento esta opción le dio la ventaja, que sumadas al desarrollo le darán la realización de su destino para alcanzar la felicidad; sin embargo, es necesario un conocimiento más claro de la naturaleza de la felicidad y del medio y los procesos para alcanzarla. La capacidad del hombre para pensar es presumiblemente la facultad que hará posible eso.
Aristóteles, Ética.

Placer al pensar.

-De grande debes hacer lo que te guste- me decía mi padre a la hora de la comida. –Quiero tener mucho dinero- le repliqué. –¿Pero qué vas a hacer? Tienes que trabajar, mira por ejemplo podrías ser fotógrafo-  dijo mientras me mostraba una revista de National Geographic que estaba sobre la mesa, –¿y los fotógrafos son ricos?-  pregunté ingenuamente, él respondió antes de seguir comiendo: –no lo sé, pero creo  haciendo algo que te guste seguro vas a vivir bien-.

Mi interés en las artes visuales comenzó con la fotografía en el año de 2009 con un taller que se ofrecía en la universidad mientras vivía en la ciudad de Cholula. La maestra era la fotógrafa Guillermina Hermosillo, ella nos enseñó los aspectos más técnicos de la cámara y  las reglas generales de la composición visual. Ella era reservada respecto a su propio trabajo fotográfico, afortunadamente, poco a poco fue mencionando sus viajes y experiencias por el mundo realizando fotos.

Cuando ella nos mostró sus fotografías quedé impresionado, tenía la sensación de que ella sabía algo más acerca de las imágenes, que ella tenía que tener un secreto para lograr eso. La fotografía comenzaba a ser algo más que una distracción y ni siquiera me daba cuenta de ello. Al terminar el taller terminaba también la licenciatura, me mudé al Distrito Federal y pedí a la maestra Hermosillo su consejo para seguir aprendiendo fotografía en la capital.

En ese momento  decidí poner en pausa mis flamantes estudios de lingüística, me propuse acercarme a aquellos temas por los que había sentido curiosidad en algún momento y sólo observar qué podría resultar de eso. En otras palabras creé un plan de estudios sin el plan de por medio.

Ya instalado en la Ciudad de México tuve la oportunidad de comenzar a trabajar en el Centro de la Imagen (la institución gubernamental dedicada a la fotografía en México). Ahí mi rol fue únicamente realizando funciones administrativas, a pesar de eso, pude acercarme lo suficiente y mirar desde otro ámbito la manera de (re)producir y crear imágenes.

Al mismo tiempo me inscribí al lugar recomendado para un nuevo taller de fotografía en el cual el arquitecto y fotógrafo Andrés Garay era maestro. Con estas clases comenzaba ya a complementar la información teórica y práctica que necesitaba, sin embargo, me era cada vez más interesante escuchar acerca del modo de concebir el mundo del maestro Garay  que del propio medio fotográfico.

Comencé a fotografiar con más insistencia. Eso implicaba estar mirando, estar más atento, pero aquello que me más me motivaba era el hecho de poder estar haciéndolo todo el tiempo sin rendir cuentas a nadie. Repentinamente comenzaron a aparecer en mi cabeza otras cuestiones que no había considerado de forma tan seria ni siquiera durante los años de universidad: qué significa saber, qué significa la práctica y cuáles son sus métodos, qué es hacer una amistad, qué es equivocarse, qué significa el trabajo, qué es el placer, qué es el fracaso, qué es un objetivo, qué es tiempo, qué es el descanso, qué significa pensar.

Variables.

El proceso de identificación con uno mismo implica necesariamente una pérdida y una ganancia. Descubrimos nuestras fronteras, las que por definición nos separan de nuestros semejantes. En la medida en que aclaramos nuestras percepciones, perdemos nuestros prejuicios. A medida que eliminamos la ambigüedad, perderemos también la ilusión.
Julia Cameron. El camino del artista.

Por convención social había aceptado la premisa que el trabajo es el generador de dinero, de felicidad e inclusive de la salud. Nunca estuve muy consciente de cuáles eran las características y las reglas de ese trabajo que me permitiría alcanzar todas esas promesas en un mundo regido por una economía voraz.

Siglos antes, el filósofo Baruch Spinoza (1632-1677) marcaba estrictamente un conjunto de reglas de vida a las cuales se adhirió fielmente: “hablar de manera comprensible al pueblo y hacer todo lo posible por él mientras eso no nos prive de alcanzar nuestros objetivos; gozar únicamente de los placeres necesarios para la conservación de la salud; y  ganar únicamente lo necesario para la manutención de vida y salud así como el poder financiar aquello que se interponga en lo que buscamos”. Algo extraordinario para un filósofo que según nos cuenta William Durant, en Historia y vida de los filósofos, tuvo en sus manos mecenazgos que pudieron resultar en enormes ganancias y que a pesar de esas ofertas se mantuvo al margen con lo necesario.

Esta idea ahora me es crucial: el conocimiento es también capitalizable y al dotarlo de un valor monetario concreto está la posibilidad de intercambiarlo por bienes y servicios. ¿De cuántas maneras es posible interpretar y vivir con esta idea?

Durant recalca las palabras de Spinoza en De Emendatione: “el mayor de los bienes es el conocimiento de la unión de la mente con el universo… Cuanto más la mente sabe, más comprende su fuerza, más apto está para dirigirse y establecer sus reglas; y cuanto más comprende el orden de la naturaleza, más fácilmente será capaz de liberarse de las cosas inútiles: ese es el todo el método”.

De manera similar creo que mi padre comenzaba ya a darme algunas pistas al mencionarme que hiciera lo que me gustara. Sin embargo, hacer del conocimiento una experiencia placentera dibuja un método lleno de incertidumbre en la búsqueda de la felicidad. Una extraña relación entre conocimiento y bienestar se comienza a trazar en mi cabeza.

20 años después de aquel recuerdo a la hora de la comida con mi padre me doy cuenta de dos cosas: hacer lo que me gusta no me hace rico económicamente, y  dos,  ser feliz -en una acepción de bienestar- no es una meta sino un proceso. No soy rico porque constantemente estoy generando más deudas que ganancias; y la felicidad como objetivo se ha ido gestando poco a poco con nuevas e inesperadas experiencias y actividades relacionadas con la imagen, la acción y  la vida cotidiana.

Así, quizá una manera de completar la anécdota de infancia sería hablando de muchos otros factores que han aparecido con el tiempo: las relaciones de poder en el trabajo y en la escuela, las oportunidades de generar vínculos al estudiar, de generar espacios nuevos de conocimiento, los escasos empleos con beneficios sociales, la importancia de ahorrar, los gastos en equipo profesional, la continua preparación intelectual, el costo de la educación, la competencia leal y desleal, la ambición por el reconocimiento, viajar por el mundo, las decepciones y fracasos, la apatía, los momentos de distracción, los tiempos de trabajo y en general una constante incertidumbre en los siguientes pasos.

Así, han pasado apenas seis años de aquel primer taller  en la universidad y ahora me encuentro en Salvador de Bahía, Brasil. Con la diferencia de que en este tiempo he fotografiado de manera constante, he viajado, he leído un poco más, he dado clases a niños y adolescentes, he tenido oportunidades de mostrar mi trabajo en algunos espacios culturales y académicos, y he conocido a mucha gente con objetivos similares.  Sin embargo las fallas han sido numerosas y simultáneas a dichos logros.

La vida en sus métodos dice calma.

“es el proceso de abrirse a uno mismo, de saber que hay una parte del universo que puede conocerse y reflexionarse, la que permite que cuando llegué el momento de morir habrá algo de placer en pensar que hemos utilizado el tiempo de forma correcta, que hemos aprendido tanto como hemos podido, que hemos juntado tanto como hemos podido del universo y lo hemos disfrutado, pues sólo tenemos este universo y  sólo esta vida para tratar de comprenderlo, y a pesar de que inclusive solo una parte de ese todo es ya inconmensurable, sólo un poco de  eso vale la pena, imagina, ¡que tragedia pasar por aquí y no recibir nada de él!”.
Issac Assimov. Entrevista televisiva.

Este lapso de tiempo en Brasil  lo he querido  plantear como un momento adecuado para hacer preguntas más específicas acerca del arte, o mejor dicho, del acto de crear y de mis funciones como individuo.  Normalmente al acercarme a los textos teóricos y a los proyecto artísticos las respuestas que obtenía se volvían más complejas de lo que esperaba, veía resultados, exposiciones, libros, pero me era difícil entender el proceso completo, no pensaba en las fases, ni en los involucrados, me parecía estar mirando a través de un caleidoscopio en el cual parece que nunca se puede ver lo mismo de forma igual.

Hace más de dos meses José María Barroso y Carlos Benítez me invitaron a contribuir con un blog en Iberoamérica Social en el cual presentara mis fotografías, la idea me halagó pero yo me sentí con la responsabilidad de asumir una tarea distinta que pudiera acercarme a las dudas que mencionaba anteriormente. Me pareció importante alejarme de las imágenes que produzco y acercarme a las personas que he ido conociendo, escuchar en lugar de mirar, quizá sea un movimiento de pasos hacia atrás y  esperar que desde otra perspectiva pueda obtener algo más transparente.

Así pues, para este blog comenzaré la creación de un archivo de entrevistas a  creadores de diversas áreas, aunque de forma principal a  artistas que he ido conociendo en estos años, sin embargo dentro de los objetivos está el integrar a gente de otras áreas profesionales para abrir perspectivas. Las entrevistas estarán basadas en diez preguntas en las cuales me interesa saber acerca de sus maneras de concebir el proceso de creación, a ellos mismos y al momento en el que estamos viviendo.

Finalmente, ver  cómo  se relaciona esta  información con las continuas publicaciones de www.iberoamericasocial.com  y diversos ámbitos de las ciencias sociales es también  un objetivo importante de la acción de alejarse para ver un panorama general. Estoy consciente de que serán muchos los puntos de encuentro, pero estoy más interesado en que el lector pueda hacer de este archivo un lugar para pensar su propia situación.

¿Dónde y cuándo naciste?
¿Quién y qué te motivo a comenzar en las artes/investigación?
¿Qué herramientas utilizas en tu trabajo?
¿Qué es tomar una decisión?
¿Cómo te distraes?
¿Cuál es tu comida favorita?
¿Qué película recuerdas de tu infancia?
¿Qué es la práctica artística?
¿Qué es el tiempo?
¿Qué es el fracaso?