De-formando con Adriana de la Rosa y Julio Villavicencio

julioagrianita

 

Adriana de la Rosa (Oaxaca, 1988)

Licenciada en Artes Plásticas y Visuales por la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Cursó un Diplomado en cinematografía y ha concluido la Especialización en Arte Contemporáneo en las clínicas que suceden en La Curtiduría, Espacio Contemporáneo, en la ciudad de Oaxaca.

Como artista ha explorado el Teatro siendo miembro fundador de la Compañía de Teatro Universitario de la UABJO, con la cual participó como actriz en diversas obras de teatro, presentadas en el Estado de Oaxaca en espacios como el Teatro Juárez, Macedonio Alcalá y en el teatro de la Dirección de Arte y Cultura de la UABJO; así como en certámenes nacionales e internacionales como el Encuentro Nacional de Teatro Universitario en la UNAM y el Encuentro Internacional de Teatro Universitario en Liége, Bélgica.

Por el lado de las artes visuales y fotografía ha formado parte de proyectos internacionales como “desayuno, comida y cena” de EL DESPACHO (organización Mexicano-Holandesa) y el “Atlas subjetivo de México” con Moniek Driesse.

Así mismo ha participado en exhibiciones colectivas estatales, nacionales e internacionales en espacios como: MUPAL, CUARTO CONTEMPORÁNEO, BODEGA QUETZALLI (OAXACA)… MUSEO DEL ECCO, MUAC (D.F)… SMART PROYECT SPACE (HOLANDA)  y LA CASA DE CULTURA (MARRUECOS). Participó en la 4ª. Bienal de Venecia en Bogotá, Colombia. En años recientes participó en exhibiciones en el Museo de los Pintores Oaxaqueños y en espacios independientes como Espacio Fotográfico 411, El Chilar y Taller Gráfica Libre.

Actualmente dirige su propio Centro Cultural Independiente “CASA ROSA” desde Agosto del 2013 y es coordinadora académica de las Clínicas para la Especialización en Arte Contemporáneo de La Curtiduría. Escribe para la revista “YEII, ESPACIOS INDEPENDIENTES”, publicación nacional.

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Julio Villavicencio (Oaxaca, 1988)

Estudia en el bachillerato en artes en el CEDART “Miguel Cabrera” (2003-2006) en Oaxaca donde decide tomar el camino autodidacta para su formación profesional. Fue parte de la segunda generación de las Clínicas de Arte Contemporáneo (CEACO) en la Curtiduría, Oaxaca (2011-2013). De donde surge el proyecto de “Artistas Unidos Mexicanos”. Su obra ha sido expuesta en distintos espacios del estado de Oaxaca, D.F., Holanda, Bélgica y Marruecos. En el 2010 fue seleccionado para participar en la Bienal Nacional de Arte Emergente de Monterrey y en 2011 para la primer Feria de Arte Contemporáneo Oaxaca. En el mismo año, participa en la edición del Atlas Subjetivo de México, proyecto colaborativo con diversos artistas del País y el extranjero; coordinado por Moniek Driesse.  En 2012 recibió el apoyo del Programa de Fortalecimiento para los Emprendimientos Culturales, Artísticos y Ciudadanos, C12. En el 2012 participa en la exposición colectiva itinerante Mitos Oficiales en la ciudad de Oaxaca, DF y otros estados. En 2014 forma parte de las actividades conmemorativas del M.U.P.O en la exposición Escenarios Híbridos. Y en 2015 participa con la pieza “División” en Venecia, Italia, dentro de la exhibición El futuro no está escrito. También en 2015 elabora dos sobres conmemorativos al aniversario del Museo de la Filatelia  para formar parte de la colección del mismo en la ciudad de Oaxaca. Actualmente es artista colaborador activo del Chilar, La Curtiduría y de Casa Rosa.

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¿Cómo se llaman y donde nacieron?

Adriana de la Rosa- Me llamo Adriana Martínez de la Rosa y mi nombre artístico es Adriana de la Rosa. Yo nací en la Ciudad de Oaxaca el 8 de septiembre de 1988.

Julio Villavicencio- Yo me llamo Julio Antonio Villavicencio Gómez y me presento como Julio Villavicencio. Yo también nací en la Ciudad de Oaxaca el 24 de Junio  de 1988.

¿Qué y qué los motivo a comenzar dentro de las artes visuales?

AR- En el arte yo me metí por pura casualidad porque mi mamá me llevaba a cursos de pintura cuando era niña, sobre todo para tenerme ocupada pero eso me gustaba mucho. Fue en la secundaria que comencé a hacer teatro con una maestra que no era actriz, que no tenía formación profesional pues, simplemente le gustaba, ella trabajaba en  algo relacionado con prevención al delito entonces nos enseñaba teatro con ese enfoque. La maestra se llama Idalia, lo chistoso es que hace poco me lo encontré y puso un bar aquí en el centro de Oaxaca. Es interesante porque ella nos motivaba mucho, las cosas no son como piensas que vas a tener al mejor maestro y ahí nace todo, pero en realidad fue ella quien me metió en un principio a este mundo.

Yo tengo una foto donde estoy tirada en el suelo según convulsionándome por las drogas, esa fue la primera obra de teatro que hice. También ahí en la secundaria descubrí el CEDART Miguel Cabrera (Centro de Educación Artística) y como ya me gustaba el rollo de las artes yo quería entrar ahí, pero fue una batalla con mi mamá para que me dejara ingresar ahí. Una vez en el CEDART también entré a la Casa de los Teatros por las tardes, mientras la especialidad en la escuela la hacía en artes visuales. Fue simultáneo aunque creo que le dedicaba más tiempo al teatro. Ya cuando salí del CEDART, me fui a la Escuela de Artes Plásticas de la UABJO (Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca) y ahí empecé con el cine documental. Ahí quien me motivo fue Rolando Martínez, que creo que tampoco tiene nada que ver pero gracias a él conocí a otro maestro y a otras personas, siempre han sido coincidencias, no creo que haya un maestro que represente mi carrera. Aunque si hay agentes que me han involucrado cada vez más. Al igual que Mónica Castillo quien de alguna manera me permitió pensar en cosas que también me motivaron a abrir La Pozoliza.  Creo que en general la misma escuela siempre me fue llevando a conocer espacios.

JV- En el bachillerato también en el CEDART me metí a unos cursos en la Casa de los Teatros, que fue donde comenzamos a llevarnos Adriana y yo. Ahí en ese ambiente del teatro el hecho de estar leyendo y estar reuniéndose todas las tardes con alguien para hacer algo fue lo que me dejo encarrilado a querer seguir aprendiendo. Lo siguiente fue la pintura porque una vez que ya no tenía compañeros para ensayar lo único que sentí que podía seguir haciendo sólo. Entonces, a partir de los ejercicios de la pintura me empecé a preguntar ¿y esto por qué lo pinto? ¿qué está pasando con esto? Así fue que comencé a investigar más de esta área.  En mi caso de las personas que más me motivaron fue Sergio Santamaría, con el comencé en el teatro pero siempre me llamaba para participar en otras cosas, y cuando iba con él me daba cuenta que no era sólo el ensayo y la representación de un texto, él me hablaba de que ese mismo trabajo era posible llevarlo a otros espacios por ejemplo en la calle y empezar a expandir la representación. Con él empezamos con temas de género haciendo carteles y eso me despertó más la idea de que el trabajo que yo iba haciendo en el arte no era nada más para satisfacer el ego sino que sirve para transmitir ideas, y precisamente esa desinhibición que produce el teatro, de cooperar, de reunirse con otras personas servía para ponerse de acuerdo para ponerse a operar e incluso hacer cosas que no tenían que ver con teatro. Por este profesor comencé a conocer a más gente que hace arte y que hasta el momento siempre estoy conociendo gente.

AR- Es cierto lo que dice Julio porque con Sergio al tener cierto conocimiento del cuerpo es que empezábamos a pensar en que ya no era la técnica lo que respalda lo que hacía, sino que había que resolver más cosas para que todo funcionara, por ejemplo si teníamos que hacer carteles entonces hacíamos pintura, si íbamos a una marcha nos acercábamos más al performance, una vez fuimos a hacer un performance al Penal de Cuicatlán porque ahí estaba el líder del movimiento de los maestros en 2006 Flavio Sosa, y en ese momento estuvimos muy activos dada la situación política, luego también se sumaron movimientos LGBT. Entonces como menciona Julio, Sergio fue quien nos mostró que todas las disciplinas pueden converger y crear otra cosa que no necesariamente respondiera a una necesidad formal o de mercado.

JV- Sí, pensar que en realidad se trata de algo más transdisciplinario que otra cosa. Pero en ese momento todo lo que hacíamos respondía a una responsabilidad social.

AR- Era muy chido, el colectivo se llamaba Arcoíris y estaba un artista plástico que se llamaba Bill Wolf, un gringo que fundó Condomanía, una tienda de condones en el centro de Oaxaca. Estaba también Boris, dueño de un antro llamado La telaraña, Miriam Ladrón de Guevara… había mucha gente que ya tenía carrera que no segregaban, había gente que ni te esperabas y te preguntabas ¿qué esta haciendo aquí? Al final ahí se hacía comunidad. También hemos hecho muchas cosas como radionovelas que nos han ido enseñando que el arte no es sólo ponerlo en una galería y ya.

¿Qué herramientas utilizan en su trabajo?

JV- En mi caso depende, porque precisamente son herramientas y según el trabajo que vaya a hacer es que escojo el material que voy a utilizar. Desde el punto de vista de mi trabajo puede ir desde un lápiz hasta un hitter para fumar marihuana.

AR- Últimamente yo he resuelto más las cosas con video, pero no creo que yo pueda definir que hago tal cosas con un solo material, incluso al hacer video no ocupo la misma cámara sino responde más bien a lo que esté haciendo. Lo mismo con la pintura, a veces es óleo otras pintura para el cuerpo, en realidad las herramientas depende de lo que esté por hacer cómo si fuera sacar un clavo pues utilizaré un martillo, aunque bien podría utilizar los dientes.

¿Qué es tomar una decisión?

JV- Creo que eso sucede cuando ya estás metido en algo que te llama la atención, si estás investigando o viendo algo realmente estás ya experimentando, y tomar una decisión  es una manera de ir abriendo brechas en tus propios intereses.

AR- Tomar una decisión es irte definiendo. Cada decisión hecha haya sido acertada o no es ir definiendo lo que estás construyendo y ver hacia donde te diriges. También al momento de activar una decisión olvidas el miedo, ya no piensas en bueno o malo.

JV- Sí, porque es una apuesta, es un albur.

AR- Y cada que haces esa apuesta no hay seguridad de si es correcta, pero una vez que la tomas se vienen muchas cosas: responsabilidades, consecuencias.

JV- ¡Y descubres las herramientas que vas a utilizar! Creo que una decisión es también una manera de hacerte presente, estás dejando una huella, un rastro, es una forma de participar en las cosas, en la sociedad, en mi propia persona.

AR- También dentro de la práctica artística todas las decisiones son visibles y no hay forma de justificarse, es decir, digamos que se hace un trabajo artístico y sí hay un discurso, un contenido, pero en el resultado la cagaste y no hay marcha atrás, porque ya lo estás visibilizando.

JV- Lo chido es que tú la cagas como artista pero no la caga el arte, porque la investigación puede seguir y no se detiene.

¿Cómo se distraen y qué es distraerse?

JV- A mi me gusta distraerme leyendo, también fumando y he ido descubriendo que ahorita me distrae manejar, como una cuestión donde me embeleso, sigo el camino, hay un flujo en el que me meto y simplemente continuo esperando a que pase todo alrededor.

AR- También pienso en tomar la distracción no sólo como una actividad en la tú decidas distraerte sino en las cosas que es necesario hacer. Por ejemplo, de las cosas que a mi gusta hacer a propósito es salir a caminar con mis hijos, sacar la carreola y llevar a los perros, y claro también fumar. Pero hay otros distractores que no son voluntarios como Catalina, mi hija, que, por ejemplo, si necesito hacer algo diferente ella es el principal distractor porque siempre tengo que estar viendo qué es lo que está haciendo.  Considero que la función de la distracción es sacarte del orden mental en el que estés.

JV- A mi me gusta que la distracción es como un punto muerto, es un espacio en el que no estás tomando decisiones pero algo está pasando, aunque no los tomes en cuenta algo está sucediendo y uno está formando parte de eso. Con relación al trabajo, al momento de estar distraído no se es tan pretencioso con las cosas. Son varios momentos.

AR- Es complejo porque yo vivo dos formas de distracción: una, orgánica en la que llevas una actividad cualquiera y hay algo que lo interrumpe; y otra, que se acerca más a un estado alterado de consciencia en la que te distraes sin darte cuenta y te vas en los pensamientos. Creo que más que interrumpir el pensamiento hay una ruptura de espacio y de tiempo, donde tienes que convivir con diferentes momentos inmediatos o simultáneos: ahora estoy contigo pero tengo que poner atención a Catalina, ir y venir.

JV- Creo que también son momentos que van hacia adentro y hacia fuera. Es decir, puede ir hacia adentro quedándote en silencio y a la hora de no decir nada escuchas sonidos y te das cuenta que no nada más eres tú, sino  que hay muchas cosas que interfieren. Y por  otra parte es también ver cómo tú afectas a las cosas.  Podría ser incluso una cuestión de meditación.

¿Cuál es su comida favorita?

AR- Para mí todo lo que sea con tortilla. El maíz en todo caso es el que me encanta, sin maíz me deprimiría.

JV- Yo me siento muy bien con una pizza de Domino’s. Creo que ando medio jodido pero creo que esos son sabores que me recuerdan muchas cosas.

AR- También ese es mi caso con la tortilla, tiene mucho que ver con la memoria.

¿Qué película recuerdan de su infancia?

AR- Pocahontas y La risa en vacaciones. A mi Pocahontas me marcó porque en ese momento no teníamos televisión y un día llegó mi mamá con una caja de cartón y ahí adentro había un VHS y una tele, entonces esa fue la primera película que vimos en casa y eso lo recuerdo muy bien.

JV- La historia sin fin, donde sale el perro que vuela y otra es Los dioses se han de haber equivocado, donde todo se mueve a raíz de una botella de Coca Cola. Yo me acuerdo mucho de La risa en vacaciones porque era entrar al cine y ver un comercial gigante de Corona, una cervezota ahí tirada en la playa.

AR- Mi primera película que vi en el cine fue Powers Ranges, y justo después de verla nos compraron unos tenis con lucecitas, estábamos extasiados.

¿Qué es la práctica artística?

JV- No sé muy bien, porque yo he estado pensando que ser artista se vuelve un pretexto. Es como una charola brillante que se puede sacar para un diputado. En esta sociedad tan jodida creo que decir que eres artista te permite hacer lo que quieras, entonces yo desde ahí puedo saltarme la barda. Para mí ser artista es hacer una investigación acerca de lo que quieres y sobre todo acerca de temas que nadie quiere pelar, por ejemplo fumar mota, que ni siquiera sería considerado como un tema y ser artista te da chance de eso, de hacer cualquier cosa por tus huevos nada más. Es abusar del poder totalmente.

AR- Creo que la práctica artística es una posibilidad de abrir puertas, y mientras más se práctica más puertas se abren.

JV- Para mí no deja de ser usar un poder, que cada quien sabe hacia donde lo lleva. La práctica es de alguna manera un charolazo, quizá lo veo en una manera de muy mal pedo, pero a mi me sirve porque yo puedo decir “yo estoy haciendo esto porque para mi hace sentido”, te lo inventas como todo en la sociedad, y esa es la práctica, desde tu persona y desde tus intereses generas importancia en cosas que no había.

AR- Sí, te empodera, es una bandera que sacas y que al actuar tiene efectos distintos que si las acciones las llevará a cabo la vecina. Y con esa bandera puedes hacer lo que quieras. Aunque también se puede tomar ese poder y abusar de eso, como en todo, puede llegar a ser peligroso.

¿Qué es el tiempo?

AR- En cuanto a mi formación creo que hubo un momento en el que me preocupaba que “me ganara el tiempo”, sin embargo me he dado cuenta que el tiempo es subjetivo, veo un reloj que marca horas, un calendario que marca días pero yo llevo eso de forma individual a mi propio ritmo. Por ejemplo ahora que estoy haciendo un proyecto con Rubén Ojeda, me hubiera preocupado por pensar en qué momento va a salir el resultado de la investigación que estamos haciendo, y ahora le comentaba que si bien podemos poner como meta el próximo año es también probable que nos lleve tres años hacer la investigación y hasta entonces comencemos a obtener resultados.

Por otra parte pienso en mi edad, que tengo 27 años, pero a eso le sumo la edad de Luciano, mi primer hijo, entonces así tengo 30 y casi 31 sumándole la edad de Catalina. Todo depende de hacia donde se desplace la idea del tiempo.

JV- Yo creo que el tiempo es un fenómeno del cual no nos podemos apartar y que sólo lo podemos experimentar estando en esta dimensión. No se me hace que exista una división de pasado, presente y futuro, para mí es lo que pasa ahora, es efervescente. Creo que si el tiempo fuera temporal, solo momentáneo, todo sería como piedra, estaría muerto. El tiempo es algo que da ansiedad y que simplemente es algo que te hace mover el culo.

¿Qué es el fracaso?

JV- Es el principio de una investigación. Es un momento en el que ves que algo está sucediendo y hay que darle para adelante. Creo que es un inicio, siempre se parte del fracaso para obtener éxito. Pero igual también es una ficción porque ni éxito ni fracaso son reales, mucho depende del carácter de cómo se toman las cosas.

AR- Para mi el fracaso es sinónimo de error, y creo que tanto el azar como el error son dos conceptos que son parteaguas de las cosas que se pueden aprender.

JV- También pienso al fracaso desde la forma de educar. Por ejemplo lo que yo hago no sé si sea bueno o malo pero sé que estoy proponiendo una alternativa.

AR- El fracaso también es una posibilidad, porque te ayuda a generar cosas. Creo que el fracaso es una sensación temporal, es como un hueco en el estómago en el que dices -ya valió verga-. Es como la sensación justo antes de entrar al escenario en la que por un momento dudas y ya no puedes dar marcha atrás, pero inmediatamente la superas y tienes que comenzar de nuevo.

JV- O bien podría ser una muerte con tristeza, porque no pudiste despertar de la ficción y la tristeza viene porque no pudiste saber acerca de las cosas que pudiste preguntar. El fracaso es temporal, es como un dolor de cabeza.

Epílogo.

¿Cuándo la distracción se vuelve trabajo?

JV- En mi caso me di cuenta que el tiempo muerto y el ocio era mi actividad principal. Estaba muy metido buscando una idea interesante pero me di cuenta que donde estaba pasando el tiempo era lo importante, lo empecé a observar un poco más y me di cuenta que el ocio son cosas que llevan una pulsión y poco a poco fui poniéndole más atención hasta ahora que me di cuenta que fumar para mi es una forma de moverse. Entonces ves que hay gente que descubrió cómo hacer un ungüento de marihuana, gente que no fuma pero evapora la planta, en realidad darse cuenta que hay una búsqueda por una sensación y que al mismo tiempo se está evolucionando, investigando, creando cosas, dándote de topes con esa idea. A mí me gusta esa manera de trabajar porque no es tan pretenciosa y al final eres tú el que estás reflejándote en esa investigación.

AR- Para mi tiene que ver con una práctica cotidiana en donde yo salía a la calle y me gustaba estar vendiéndole cosas a la gente, hablar con ellos, o jugándoles bromas, o grabándolas, en general interactuar con la gente, y eso es lo que hago ahora, eso es lo que me ha permitido ahora actuar sin miedo, enfrentarme a un público. Lo más chido es que es eso lo que me apasiona.

¿Qué es el aburrimiento?

AR- Es un estado de ánimo. Si tuviera que ponerlo en una imagen es estar en un barco en medio del mar en el que dejas caer el ancla y no dejas que la corriente te lleve, sino que te aferras a que llegué algo como una tormenta y que eso active el momento.

JV- Creo que también responde a un vicio por las emociones, a veces creo que ya no se puede estar aburrido porque cuando descubres que el aburrimiento no es más que una sensación, un apego, ya no te hace tanto sentido.