Coyolxauh, la Guerrera Nocturna

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En la Sala llamada “Ritual y Sacrificio” del Museo del Templo Mayor del INAH, en México D. F., se expone en posición horizontal esta escultura de 3’25 metros de diámetro. Se trata de una de las obras plásticas más famosas de la cultura azteca. Es además, una insignia actual del renacer de la Arqueología y la Historia sobre el México prehispánico. Colocada bajo las escaleras del altar de Huitzilopochtli hacia 1470 aproximadamente, fue descubierta en su ubicación original en Febrero de 1978. Dicho año fue el inicio del análisis completo del Templo Mayor de Tenochtitlan, proyecto arqueológico liderado por Eduardo Matos Moctezuma. Hoy día el templo con sus dos pirámides escalonadas, una dedicada a Tlaloc (agua, fertilidad…) y otra a Huitzilopochtli (Sol, guerra…), así como todas sus infraestructuras aledañas, sigue siendo investigado hasta el basamento mismo de la Catedral Metropolitana. Aquí tenéis un enlace para ver y conocer cómo fue hallada ‘La Coyolxauhqui’ después de que unos operarios del tendido eléctrico procedieran a realizar una intervención práctica del alumbrado municipal:

Como ocurre casi siempre en la Historia del arte americano prehispánico se desconoce el nombre del taller o la persona que esculpió en roca volcánica (andesita) esta figura, hace casi 550 años. Representa a la diosa lunar de los mexicas tenochcas, fundadores de Tenochtitlan. Su nombre es Coyolxauhqui, que en náhuatl significa “la de cascabeles en las mejillas”. Esta pieza histórica nos manifiesta a simple vista la audacia plástica de quien la realizó, nos seduce con la expresividad narrativa que se puede corroborar a lo largo y ancho del México antiguo en otras obras. Esta visión en mediorrelieve de la Luna antropomorfizada es conocida en realidad como la ‘Coyolxauhqui Tres’, puesto que han sido halladas seis versiones del mismo tema mitológico, la mayoría de las cuales fueron creadas en el entorno de la ciudad de Tenochtitlan.

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De las versiones citadas, además de la que nos ocupa, destaca la Coyolxauhqui I: hermosa cabeza de bulto redondo en la que aparecen los atributos que la identifican como Coyolxauhqui, incluyendo los ojos semicerrados que representan a la diosa con la cabeza cercenada ya por Huitzilopochtli. La cabeza mide 80 cm de alto por 85 de ancho, y también se encontraba en el Templo Mayor. Fue hallada ‘arqueológicamente’ a fines del s. XIX. http://www.historicas.unam.mx/publicaciones/revistas/nahuatl/pdf/ecn21/353.pdf

Leyendas, Mitos y Ritos.

Dentro del mito de Coyolxauhqui está encerrada la historia poco conocida de una mujer importante que vivió realmente y fue líder de una parte de los aztecas que peregrinaban en busca de su ‘tierra prometida’. Es muy célebre la ‘peregrinación azteca’ como el viaje que el pueblo mexica emprende desde la mítica Aztlán (una isla en el centro de un lago de ubicación desconocida en México actual), pasando por diversas vicisitudes en materia de supervivencia y de cohesión social, hasta que finalmente fundan Tenochtitlan en el extinto lago de Texcoco alrededor de 1320. A partir de aquí se expanden militar, política y económicamente hasta la llegada de Hernán Cortés a México y el comienzo de la colonización española en 1519-1521. El proceso toscamente resumido de la ‘peregrinación azteca’ es un viaje que supuestamente les lleva desde el Noroeste de México hasta el Valle Central, entre la segunda mitad del siglo doce y el primer cuarto del siglo catorce de Nuestra Era. La peregrinación siempre muestra a los aztecas liderados e inspirados por Huitzilopochtli, el cual a su vez será el ‘Dios-Hombre heróico’ que decide la ubicación definitiva de Tenochtitlan allí donde el águila se posa en el nopal, etc. Sobre esta divinidad podéis encontrar abundante información mediante cualquier vía, pero lo que ahora me interesa es el hecho de que la figura de Coyolxauhqui y su culto siempre están asociados al mencionado Huitzilopochtli. Al parecer, ambos eran hermanos, tanto en la realidad humana histórica como en la cosmovisión nahua, tras haber heredado la cosmología general de las culturas clásicas del México Antiguo, es decir, olmecas, zapotecas, teotihuacanos, mayas…). La élite tenochca y sus tlacuilos (pintores, escribanos) reelaboran diferentes mitos para acoplar sus leyendas intrahistóricas con una cosmovisión más general en la que ellos son el centro del mundo conocido.

Observemos más detenidamente la dualidad antagonista entre Huitzilopochtli y Coyolxauhqui. Nos dicen diversas fuentes históricas que durante la peregrinación citada las gentes mexicas articulaban su organización social mediante ‘barrios’. Éstos serían grupos de personas que tenían sus líderes políticos y deidades propias, a modo de advocaciones identificativas. Esta circunstancia tuvo que ser un elemento de disensión asegurada a la hora de tomar decisiones o elegir prioridades que afectaran al grupo general azteca. No olvidemos que en ese periodo oscuro de su pasado, no habían erigido ninguna gran ciudad, llevaban generaciones buscando el sitio idóneo, por tanto ‘no se habían civilizado’. Pero es en esta laguna sin documentos donde fuentes históricas que recogen la memoria indígena centran unos hechos que más tarde generarán la forma definitiva de la cultura tenochca y sus ritos religiosos. Se trata de una discusión protagonizada por Coyolxauh y Huitzilopochtli, dos hermanos que forman parte de la élite pero situándose cada uno a la cabeza de diferentes barrios, responsables de diferentes grupos de personas dentro del mismo pueblo. En un momento dado el grupo de los Huitznahua, al que pertenece Coyolxauh, quiere fundar una ciudad de asentamiento, tal vez un templo primero, en el entorno del cerro Coatepec, antigua Teotlalpan de la cultura xajay (actual estado de Hidalgo. Zona arqueológica de Pañhú,

http://www.centrohidalgo.inah.gob.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=23:panhu&catid=1:sitios).

Huitzilopochtli discrepa profundamente y quiere seguir hacia otros lugares. Por esta diferencia de opiniones comienzan una guerra civil en Coatepec. Coyolxauh encabeza la rebelión contra su hermano. Ella es más mayor de edad y además cuenta con el apoyo del grupo huitznahua y los Centzohuiznahua, probablemente tíos y parientes sacerdotes según algunas fuentes; así en la Crónica Mexicayotl de 1598, cuya segunda parte está escrita en náhuatl por Fernando Alvarado Tezozómoc, podemos leer traducido: 

En seguida, le dijeron a Huitzilopochtli sus tíos, los “Centzonhuitzahua“, los sacerdotes. “Aquí concluirá la tarea para la que veniste, para regir, para enfrentarte a la gente de los cuatro puntos cardinales…[…] Al punto se enojó Huitzilopochtli y les dijo luego: ¿Qué es lo que decís? ¿ Qué acaso sabéis vosotros, os competa a vosotros, o tal vez me sobrepujáis? Que yo se lo que he de hacer, […].

En la Historia de las Indias de Nueva España y islas de Tierra Firme, reedición sobre un manuscrito de Fray Diego Durán (1537 – 1588), puede leerse lo siguiente: 

cuyo caudillo de aquella murmuración y concierto era Uitznahua, una señora llamada Coyolxauh…[…] …venida la mañana, allaron muertos a los principales movedores de aquella revelión, juntamente a la señora que dijimos se llamaba Coyolxauh, y a todos abiertos por los pechos y sacados solamente los corazones

En definitiva, tras luchar durante la noche hasta el amanecer, Huitzilopochtli (o el grupo al que representa) mata absolutamente a todos sus contrincantes. No sólo mata a Coyolxauh, sino que además le corta la cabeza y la arroja desde lo más alto del cerro Coatepec. Justo aquí tenemos la escena épica representada en la fabulosa escultura que encabeza este texto. La trágica derrota se complementa en el mito y su representación material con una brutal separación de extremidades y tronco. La victoria de Huitzilopochtli sobre su hermana Coyolxauhqui es atroz y porta un mensaje disuasorio para quienes osen llevarle la contraria. Más tarde, a lo largo de una transmutación religiosa, el guerrero muere pero sus huesos y espíritu siguen guiando a los aztecas hasta el emplazamiento de Texcoco-Tenochtitlan-México en el Valle de Anáhuac. Incluso ya en época colonial, siglos XVI-XVII en adelante, han aparecido noticias de españoles que intentaron hacerse con los restos de Huitzilopochtli sin éxito; probablemente fueron custodiados clandestinamente durante varias generaciones por los tenochcas.

Volviendo a Coyolxauh, es digno de considerar como ella también fue transformada en divinidad por el aparato ideológico de los seguidores de Huitzilopochtli. Era la diosa de la Luna, la Luna con forma humana que explica mediante la desmembración el proceso de fases lunares, de donde suponemos que la escultura de perímetro circular Coyolxauqui III sería un icono de la Luna Llena; de ese modo los cuartos crecientes y menguantes podrían representarse mediante brazos o piernas arrancados… En cualquier caso la diosa nace como mito derrotado, sólo hay que ver cada día la fuerza de la luz solar discretamente complementada cada noche por la tenue luz de luna y estrellas. Según el mito azteca, las Estrellas del Sur son los 400 centzon huitznahua que acompañaron a Coyolxauhqui en su rebelión locativa, y corrieron la misma funesta suerte. Huitzilopochtli, el Sol,  nació de su madre directamente armado con Xiuhcóatl, el fuego celeste, la serpiente de fuego. Con el rayo Xiuhcóatl o con escudo y espada (según qué tradición), las 400 estrellas y la Luna fueron aniquiladas para que el Sol saliera cada mañana… A través de este enlace podéis conocer perfectamente el mito de Coyolxauhqui, Huitzilopochtli y Coatlicue, la diosa tierra madre de ambos:

http://www.inah.gob.mx/boletines/8-investigaciones-y-estudios-historicos/495-el-mito-del-nacimiento-de-huitzilopochtli

Existe otro personaje histórico-legendario que se cruzó en el ambicioso camino de Huitzilopochtli. Se trata de Malinalxóchitl, también hermana de la misma familia que en tiempos de la peregrinación fue condenada al ostracismo, fue echada del grupo azteca. Algún grupo de gente debió seguirla porque dice la tradición que es la fundadora de Malinalco. Paradójico, ya que Malinalco era una especie de pequeña villa de retiro para caballeros de la Orden del Águila principalmente. Es importante reseñar que a Malinalxóchitl se la consideraba ‘mujer de malas artes’ y ‘hechicera’. ¿Serían estos los motivos por los que fue expulsada del camino azteca? Puede que nunca lo sepamos. Existen concomitancias con la tradición oral prehispánica que asegura los mismos conocimientos de brujería en la persona de Coyolxauh, la hermana mayor de todos estos ‘líderes sociales’; incluyendo el que ésta ‘hablara con arañas y ciempiés’. Puede que esto contribuyera a la enemistad con Huitzilopochtli o sus seguidores, bastante moralistas y ambiciosos como ha demostrado la sucesión de acontecimientos posteriores. Por último al respecto debo señalar que este desprestigio sistemático a mujeres hechiceras y con carisma de liderazgo, me sugiere cierto paralelismo con las ‘cazas de brujas’ de la Inquisición española (u otras tradiciones cristianas europeas) hacia mujeres que tenían conocimientos alternativos o modos de vida ‘extrasistema’, por lo que eran acusadas de brujería, satanismo, artes oscuras, etc.

‘La Coyolxauhqui’, como la llaman cariñosamente mucha gente, es una piedra esculpida estéticamente con el objetivo de cumplir unos fines religiosos de carácter ritual. Pero, no olvidemos dos sencillas cosas: una es que los habitantes de Tenochtitlan con posición social y elevado nivel económico, por lo general, no establecían separaciones entre religión, política y economía, puesto que ‘los dioses son los dioses y la guerra es la guerra’ (para conseguir víctimas de sacrificio, ascenso social por captura de prisioneros, que el Sol nazca por el lado de Quetzalcóatl cada mañana, etc.). La otra cuestión importante de recordar es que hasta que el conflicto empezó a despuntar entre mexicas y españoles, desde 1520, el Tenochtitlan de Motecuhzoma Xocoyotzin había estado en expansión y le tributaban incluso pueblos que enseguida se sumaron a ayudar a los nuevos invasores europeos con tal de liberarse del yugo que aplicaba el Huei Tlatoani (Gran señor, Rey…)

Nunca sabremos el número de personas recién sacrificadas que la piedra de Coyolxauhqui recibió en su posición de macabro colchón al pie de la escalinata del altar de su hermano, el Sol Naciente. Pero hay constancia documental de que algunos españoles se toparon con los temibles hermanos míticos Sol y Luna. En la primavera de 1521 se libraron terribles batallas en el Lago de Texcoco donde luchaban los locales contra españoles y tlaxcalanos. Uno de los días en que vencieron los tenochcas, los cautivos fueron subidos a la pirámide de Huitzilopochtli tras pasar junto a Coyolxauqui. Los sacerdotes les colocaron plumas y les obligaron a danzar para el Sol Naciente. Después les sujetaron de brazos y piernas para arrancarles el corazón. Una vez hecho esto, los empujaban escaleras abajo hasta que, uno a uno, los cadáveres frenaban contra Coyolxauhqui, que hacía de base para que otros tenochcas especializados procedieran a desmembrarlos y despellejarlos. Para conocer estos sucesos detalladamente hay que dirigirse a la Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España, escrita por Bernal Díaz del Castillo hacia 1580 en Guatemala, contando con más de ochenta años de edad y recreando su vivencia cuando era joven. Este importante personaje fue testigo directo de los ritos sacrificiales a los que me he referido, donde perecieron españoles y mexicanos anónimos por igual. Más tarde en pocos años, las remodelaciones dirigidas por el conquistador Cortés y el virrey Mendoza, hicieron que el Templo Mayor y el centro de Tenochtitlan fueran enterrados en pos de la Catedral y los nuevos palacios.