Colombia, país en (E)stado de violencia

downloadpdfAna María López Moreno
Comunicadora
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Recibido 25 Septiembre- Aceptado 11 Noviembre

 

La violencia, lo violento, el lugar reservado en el séptimo círculo del infierno de Dante. La violencia, que genera violencia. La violencia, como respuesta a la violencia. La violencia, como imposición de las ideas, como justificación de la justicia, como razón de fe.2011f130f2fb9d87945544b83a33421f

He pensado sobre qué es o qué no es violencia. Y lo he pensado mientras miraba el sol del Catatumbo, en la frontera Colombiano-Venezolana, en una de las zonas más afectadas por los paramilitares, los narcos, la insurgencia y las respuestas a todo esto de  Estado de la bella Colombia. Pero también he pensado y sentido la violencia en Bogotá, en la plaza Bolívar, con indígenas que por 5000 pesos te hacen una foto junto a su llama, con hombres que suben al Transmilenio a pedir por sus hijos, con madres que cuelgan los retratos de sus falsos positivos. La violencia se ha enquistado tanto en la sociedad colombiana, al menos eso me parece a mí, que ya forma parte del paisaje, cómo si se tratase sólo de un recuerdo.

35fc9241050e3e92e2d34883d7894d11En el Catatumbo en la actualidad (septiembre de 2015) operan las tres fuerzas declaradas insurgentes en Colombia, es decir: Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo, por sus siglas, FARC-EP, Ejército de Liberación Nacional, ELN, y el Ejército Popular de Liberación, EPL, además el Estado tiene desplegado un importante aparato, anillo de seguridad con sus Fuerzas Públicas, tanto de la Policía (que en Colombia está militarizada) como del propio Ejército, y a esto se suman los paramilitares (me niego a la falacia de llamarlas BACRIM, Bandas emergentes en Colombia o bandas criminales emergentes), y los intereses de grupos narcotraficantes que se mueven de forma paralela y permeable en todos estos sectores.

Militar veredaExplicaré brevemente qué son las BACRIM, esas bandas emergentes de criminales, y porqué directamente prefiero asociarlas al paramilitarismo. Se trata de organizaciones  criminales muy armadas,  que desarrollan actividades de control, tanto de los grandes negocios ilícitos como de depredación subsidiara de los mismos. Estos grupos con frecuencia emplean la violencia como mecanismo disciplinamiento interno, de coacción e intimidación unilateral sobre terceros. El  concepto  de  bandas  criminales  emergentes  responde  a  una  dinámica  particular,  relacionada con los sucesos posteriores a la desmovilización de los grupos de Autodefensa Unidas de Colombia (AUC) en el gobierno del presidente Álvaro Uribe Vélez, pero en la realidad y en la actualidad, solo hay que leer el último informe del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) de Colombia, octubre 2015, por el responsabiliza a los grupos nacidos de las AUC de las principales violaciones de derechos humanos en el país. En pocas palabras hablamos de los mismos, y así lo siente la población víctima de estas violaciones.

584eb943fe86150ddea8ad1f58b9d44aEsta es la situación en la que viven miles de habitantes de toda Colombia, y más duramente la zona del Catatumbo, donde la gente recuerda, porque tienen cicatrices frescas las masacres de La Gabarra (1999), y a los mártires del pasado paro agrario (2012), pero que cada día viven en una constante presión violenta al sentirse señalados como guerrilleros, por los grandes medios de comunicación. Y es que en Colombia si estás en contra del Gobierno es estar en el lado de la insurgencia, pero no me quiero despistar, quiero hablar de esa violencia cotidiana a la que la población catatumbera se ha habituado y que, en el mejor de los casos, cuesta reconocer y en el peor, ya forma parte del modo de vida de millones de colombianos. Quería poner como ejemplo de violencia la región del Catatumbo, no porque en sí sea la más violenta, sino porque en ella puedo identificar a los actores que operan en todo el país.

El imaginario nos hace creer con razón que la violencia es la acción, consciente y deliberada, de la fuerza y la coacción ejercida sobre los otros. Y pensamos en esta como la violencia de las armas, de la sangre, del asesinato, de las violaciones a mujeres y niñas, las desapariciones, del reclutamiento forzoso…es evidente que esto es violencia y hay una violencia máxima que asombra y denigra el lado humano del ser humano. Es imposible no leer o escuchar un informativo en cualquier parte del mundo que no nos hable de esto, pero además en la bella Colombia se da el fenómeno de la violencia que el Estado ejerce sobre el pueblo, sobre aquellos que sobre el papel y en la Constitución tienen y ejercen la soberanía. No digo ninguna mentira al afirmar esto, desde que en la Mesa de Diálogos de la Habana el Estado reconoció los derechos de las víctimas, el esclarecimiento de la verdad y las garantías de protección y seguridad, implicaba una responsabilidad. Una responsabilidad por acción o por omisión. Pero esta es la cara más visible de la violencia directa que se ha estado ejerciendo durante estos años (largos años) de conflicto, sin embrago, la violencia como fenómeno poliforme, tiene otras caras.

El desplazamiento individual o masivo, pero siempre obligado, los despojos de tierra (no siempre motivados por la acción directa de los actores armados del conflicto, pero sí por los intereses de estos), la negación al agua, a la propiedad de la tierra, a las formas de vida tradicionales de los pueblos indígenas siguen siendo otra forma de ejercer violencia. Los falsos positivos judiciales, la negación de la libertad de movimiento, los señalamientos, los hostigamientos son también formas de ejercer la violencia.

Los intereses geopolíticos de las transnacionales para acceder a las riquezas del país también convierten al Gobierno en cómplice de nuevos desplazamientos, de nuevas bolsas de pobreza que son en sí otras formas de violencia. Al hablar de las riquezas del país pensamos en el carbón, el petróleo, el oro, el agua…pero también hay que tener en cuenta que las transnacionales están produciendo soya, maíz, palma, arroz, café, negando la soberanía alimentaria de la gente que vive y comercia con los productos de la tierra. Es violencia cuando en las ciudades se compra arroz importando de China, a la vez que las empresas chinas obligan a usar sus semillas y plantan en las tierras que fueron baldías. Cualquier gobierno que permite y/o favorece leyes que implican el empobrecimiento de sus campos ejerce violencia sobre su pueblo. El gobierno que discrimina, que no favorece el acceso a la educación, a la sanidad, a las vías de comunicación ejerce violencia.

¿Y entonces? Entonces, cuando la desesperación de lo perdido está en la piel y en los discursos que se repiten por generaciones, no hay demasiadas opciones sobre la Justicia Social, y el sentimiento de violencia, o de estar siendo violentado se instala en todas partes, porque la violencia no es sólo un problema social, o económico, o psicológico, o moral, porque la violencia es todo esto a la vez, y desde ahí merece ser tratada cuando callan los fusiles.

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Para citar este artículo: López, A. (2015). Colombia, país en (E)stado de violencia. Iberoamérica Social: revista-red de estudios sociales (V), Pp. 123-126. Recuperado de http://iberoamericasocial.com/colombia-pais-en-estado-de-violencia/