Ciudadanía Activa: Desarrollo Humano y Sustentabilidad

Uno de los retos en nuestra sociedad, es la búsqueda de nuevos planteamientos educativos, sociales y culturales que sean capaces de favorecer una convivencia armónica, donde todas las personas participen en la construcción conjunta de una mayor calidad de vida. La formación ciudadana desde una participación directa, nos acerca  al compromiso con una democracia ética y comprometida con la igualdad.

Nos hemos [1] de situar en un compromiso ecológico y social desde donde potenciar una ecociudadanía, ya que como su definición nos aclara, es la condición de todo ser humano, titular de una parte alícuota de la soberanía mundial, legitimado para intervenir, con independencia de su adscripción nacional, en cualesquiera asunto público en pro del desarrollo humano de todos los habitantes del planeta, mediante la satisfacción de sus necesidades, sin comprometer el de las futuras generaciones.

Una ciudadanía activa  requiere formarse activamente y dinamizar  una acción política, en primera persona. El protagonismo para buscar alternativas de acción, de mejoras y sobre todo el compromiso para corresponsabilizarse por un cambio , que mejore la cotidianidad. Necesitamos una democracia ambiental, [2] que asegure un desarrollo humano: la formación de una ciudadanía que responda al cuidado, y a la mejora de su hábitat. La ciudadanía democrática ha de implicarse en una participación ética, dialógica e igualitaria que, inexcusablemente, tendrá consecuencias en mejoras ambientales.

Se puede decir, por tanto, que una ciudadanía activa  está comprometida con la producción de nuevos conocimientos y de nuevos métodos de investigación, imprescindibles para que las personas comprometidas libres y autónomas sean capaces de analizar, comprender y resolver los retos de la problemática cercana que siempre tienen repercusión en la globalidad. La necesidad de cambios educativos que respondan a los cambios culturales actuales, obliga a una actualización de los modos educativos, que no siempre se produce. Estamos ante una realidad holística, con interacciones y necesidades comunicativas, donde nuestra visión dialógica  de la educación ha de acercarse a la conformación de una nueva conciencia ecológica, que nos comprometa a un desarrollo humano. ¿Pero cómo?

A través de  proyectos participativos de construcción conjunta y, por tanto, como proyectos de consenso, es una propuesta clara por la democratización real en la formación de nuestros estudiantes. estamos ante una nueva etapa de interrogantes, cuyas respuestas nos han de obligar a la resolución conjunta: lo certero, lo indiscutible, lo demostrado, ha finalizado. Como aseguraba Peñalver, C. (1994), “…la ciencia, el pensamiento humano, se despliega y se desarrolla sobre el marco de la interrogación, de la sospecha, de la duda; su mundo es el mundo de un diálogo que nunca concluirá…, una discusión participativa, concebida como riesgo y como aventura.”  Unas prácticas ciudadanas  que atiendan a todo lo anterior han de llevar hasta sus últimas consecuencias esa  nueva concepción del sitio, lugar, el sentido de la vida del hombre y de la mujer en el mundo.

Para trabajar desde esta ciudadanía activa, se ve pertinente el organizar la vida cotidiana de las comunidades, de tal forma, que  las personas puedan participar en  la toma de decisiones de todos los aspectos que conforman su existencia: salud, deporte, educación, uso de los tiempos y de los espacios. En definitiva hemos de generar procesos donde la ciudadanía desde la responsabilidad construya su realidad en cooperación con los demás

Calidad de vida y sustentabilidad desde una perspectiva de género.

La calidad de vida se relaciona con asegurar no sólo el sustento a todas las personas del planeta, sino con la calidad del aire, del agua y de un habitat no agresivo que facilite vivir en armonía con la naturaleza humana y natural.

El término de sustentabilidad comienza a emplearse en Estrategia mundial para la Conservación…[3], una obra que contribuyó, entre otras cosas, a la inclusión del desarrollo económico y social en la conceptualización de la conservación de la naturaleza, como condición indispensable para mitigar la pobreza y la miseria de millones de personas.

No disponemos ni de una revisión crítica de los modelos, ni de una visión radical del entorno que, con profundidad y rigurosidad, se propongan analizar las estructuras socioeconómicas cuyo irracional funcionamiento está forzando el empleo, precisamente, de medidas excepcionales. Tanto el conocido como Nuevo Orden (económico) Mundial, como la democratización de las organizaciones internacionales han conducido a que el concepto de sustentabilidad  sea empleado, incluso, por organismo como el Banco Mundial durante la última década, contribuyendo así a que el término sostenible pueda ser interpretado desde dos puntos de vistas muy diferentes que podríamos denominar como sustentabilidad ecológica y sustentabilidad económica.

La recuperación de modos de vida que nos devuelvan la esperanza para resolver los problemas actuales han de ir  en paralelo hombre y mujeres, por tanto, con la finalidad clara de cambiar el modelo de vida tal y como se ha ido desarrollando hasta ahora.

Lo que proponemos es rescatar el sentir femenino de las personas; es decir, si sabemos que la paz engendra paz y la violencia o el miedo generan aún más miedo, creemos que el sentir femenino nos aproxima a estereotipos de cuidados, que nos acercan a valores como la igualdad, la cooperación, la comprensión…, pero, sobre todo, a la generosidad y la justicia. No obstante, dicho sentir femenino no puede establecerse desde un principio hegemónico, sino desde una base dialógica y consensuada.

En definitiva, sostenemos que la identidad femenina incluye aspectos como protección, dignidad, autorespeto, la preocupación por el bienestar de los otros…; las mujeres somos capaces de asumir responsabilidades haciendo uso de un poder más sutil y cercano, con una dinámica de trabajo que conforma un ejercitarse en la toma de decisiones desde la discusión y participación colectiva. Estas habilidades son vitales incluirlas en la revisión del modelo de desarrollo actual.

Cuando hablamos de calidad de vida, por tanto, ambiental teniendo en cuenta los criterios femeninos. Estamos pues, ante un compromiso de búsqueda de elementos que aúnen distintos programas de acción y concienciación, políticos, sociales y personales. Situándonos en la resolución de conflictos ambientales, hablar de ciudadanas y ciudadanos democráticos ambientalmente comprometido es hablar de una legitimidad política desde la participación de todos, sin exclusión, y con la legitimidad que procede del consenso como producto de un diálogo permanente.


[1] Nuestro grupo de investigación “EDUCACIÓN DE PERSONAS ADULTAS Y DESARROLLO (GIEPAD)”, que tengo el honor de dirigir, tiene una larga trayectoria investigadora sobre la dinamización de procesos participativos, promoviendo una ciudadanía activa, desde los tres años hasta la juventud (Proyecto subvencionado por el Area de participación ciudadana del Excmo Ayuntamiento de Sevilla durante tres años, en el primer año en tres centros educativo y se amplió a setenta y seis). La necesidad de profundizar en metodologías participativas, nos ha llevado a presentar cursos de doctorado, maestría y la dirección de tesis doctorales en esta línea.

[2] Manzini, Ezio y Bigues, Jordi (2000): “Ecología y democracia: de la injusticia ecológica a la democracia ambiental.” Barcelona: Icaria.

[3] Berkmuller, Klaus P. (1986): La estrategia mundial para la conservación: un programa para los jóvenes.Manual de proyectos ambientales. Gland. Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y de los Recursos Naturales.