Un par del cine de migraciones en Centroamérica

El cine nos permite ver y conocer realidades. Con ocasión del último número de Iberoamérica Social versado sobre migraciones, quiero recomendar dos filmes que recientemente tuve la oportunidad de apreciar. Cabe aclara que dicha recomendación carece de aires de crítico de cine. Me aventuro a hacerla como cualquier mortal, al que le gusta el cine con alto contenido social.

Se trata de  “Sin Nombre” (2009), largometraje filmado en Honduras y México,  y “La Jaula de Oro” (2013), rodado en Guatemala pero también de producción mexicana y guatemalteca. Estas piezas de cine latinoamericano, los acercarán a la cruda realidad de los migrantes centroamericanos y mexicanos que buscan el llamado “sueño americano”.

Sin Nombre

Esta cinta producida por los famosos actores mexicanos Diego Luna y Gael García, muestra también la vida en “La Mara”. Fue dirigida por Cari Joi Fukunaga. La película retrata un deprimido sur de México,  en donde la pandilla se convierte en una forma de vida para juventudes sin opciones. En esta historia, la vida de dos jóvenes —uno de ellos marero—  se entrelaza afectivamente en lo que parece la única escapatoria: el largo y  peligroso viaje hacia los Estados Unidos.

Para ampliar. Un interesante documental salvadoreño que también trata la violenta vida en las maras es “La Vida Loca”, de Christian Poveda, asesinado en San Salvador en 2009 por el trabajo realizado en sus investigaciones. Denle un vistazo a ambos.

Película completa aquí.

La Jaula de Oro

Magnífica y conmovedora. La película nos relata la tortuosa travesía que emprenden desde Guatemala tres menores de edad que, como otros (más de 66 mil en el 2014), marchan sin su padres en búsqueda de una vida  mejor en los Estados Unidos. Chauk, indígena procedente de las etnias del sur de México; no habla español, pero comparte el deseo de dejar atrás un pasado lleno de miseria. En la vida real es Rodolfo Domínguez, indígena  tzotzil de la empobrecida Chiapas, que  previo a las grabaciones tampoco hablaba una palabra del idioma.

Sara, mujer adolescente y una de los tres actores principales, se ve obligada a vestirse de hombre para evitar ser abusada. A través de estos personajes, se expone la aún más compleja situación y las diferentes violencias de las que son sujeto estas poblaciones tradicionalmente vulneradas.

Otro aspecto llamativo de esta cinta es que 600 de los actores no principales, eran migrantes reales contratados en las diferentes locaciones.

Dirigida por el español Diego Quemada-Diez, fue colocada por IMDb, como una de las filmaciones latinoamericanas más recomendadas, además de ser laureada en importantes festivales como el de Cannes.

Ambos filmes evidencian la situación de desespero que lleva a los migrantes a abandonar sus países. Dejar atrás a lo que se es, lo que se quiere. Obligados por la violencia, la pobreza y la falta de oportunidades a arriesgar sus vidas en un éxodo masivo, para en el caso de tener suerte, llegar al otro lado del Río Bravo; en el cual no serán bienvenidos.

En tiempos en que diferentes partes del mundo se atizan incendiarios discursos anti-migrantes, películas como Sin Nombre y La Jaula de Oro, visibilizan (¡y ojalá sensibilicen sobre!) las diversas problemáticas sociales que entretejen el áspero sufrimiento que envuelve a los migrantes en su ruta hacia el norte del continente.