Capitalismo y egocentrismo social: Padres de la esclavitud del siglo XXI

En el siglo XXI el testimonio de las mujeres todavía se pone en duda. Si eres mujer y, además, prostituta, tus manifestaciones o denuncias caerán en saco roto porque la cosificación de las mujeres conduce, en el caso de las prostitutas, a un espacio en el cual se justifica su cosificación y su anulación social, aduciendo a menudo cuestiones de voluntariedad, tradición y perpetuación histórica. Esta circunstancia hace que, si una mujer denuncia malos tratos, violación, o cualquier otro tipo de abuso y/o discriminación, sea mirada con lupa, considerada como una loca o, casi peor aún, como una malintencionada.

Si dicha mujer se trata, además, de una que ejerza la prostitución, su testimonio seguramente no valdrá nada. ¿La causa? Por un lado, que la prostitución mueve miles de millones al año en todo el mundo; un dinero del que, sin duda, forman parte los estados, ante todo como consentidores de un fenómeno injusto y aterrador. Por otro, que la ideología patriarcal que sigue moviendo el mundo considera a las mujeres, insertas en el fenómeno de la prostitución, como agentes completamente responsables de su destino y “profesión”, al mismo tiempo que defiende el enriquecimiento de los denominados (muy positivamente) “empresarios del sexo”, o el derecho de los clientes a disponer de un servicio personal que enlaza con la idea de otros siglos consistente en una supuesta necesidad biológica y sexual masculina.

El análisis de estos aspectos en profundidad, nos conducirá enseguida a otro fenómeno social: el capitalismo neoliberal. Una doctrina económica, cuyas consecuencias extremas y subyugantes para el común de los mortales, ya se conocen en todo el mundo. Una doctrina que es aceptada formalmente, a pesar de dichas consecuencias negativas, por la mayor parte de países del mundo (en concreto 188 si nos atenemos al número de países que conforman el Fondo Monetario Internacional), como una especie de sueño americano. Un sueño que conduce a la mayoría de habitantes de dichos países, a creer que puede ser posible la igualdad entre todos con trabajo y esfuerzo, pero transmutando (eso sí) la parte referida en el mítico sueño americano a las oportunidades, los derechos y la libertad, por el simple y mero enriquecimiento económico y personal. Un egocentrismo social que conlleva el pensar, por parte de quien lo sufre, que el resto de personas que caminan por el mundo también sufrirán ese mismo afán, viendo en consecuencia en colectivos vulnerables y muchas veces maltratados, a personas que solo buscan dinero como sea y pese a quien pese. Esta forma de pensar se ve avalada por organismos internacionales de tanto peso como el ya mencionado FMI, cuyos objetivos teóricos consisten en la garantía y el fomento del cooperativismo monetario internacional. Un objetivo que no entra en conflicto con el desarrollo y los mecanismos de la prostitución, perpetuándose de esta forma un negocio muy lucrativo y pocas veces ilegal.

En el siglo XXI el testimonio de las mujeres aún se pone en duda, y máxime cuando entra en lucha con los poderes fácticos garantes (y entiéndase el sarcasmo) de nuestra seguridad económica, como bien nos recuerda la absolución penal del ex-director del FMI Dominique Strauss-Kahn denunciado e imputado por proxenetismo y violación. Porque el colmo de la indiferencia social hacia la prostitución, tiene lugar cuando los más altos personajes responsables de la seguridad internacional, a cualquier nivel, no solo no velan por el cumplimiento de los derechos humanos de las mujeres, sino que hacen por quebrarlos y perpetuarlos en el tiempo.

El fenómeno de la prostitución se enfrenta a una larga espera, aún, de la repudia y la condena internacional que permitiría por fin, la liberación de miles de esclavas sexuales existentes en la actualidad. Y la causa de ese terrible mirar hacia otro lado, no puede estar mejor descrita por la doctora en sociología en la Universidad de A Coruña, Rosa Cobo Bedía, en entrevista a la revista Pueblos:

(La prostitución) Es quizás una de esas prácticas sociales en las que con mayor claridad se puede percibir la alianza entre capitalismo neoliberal y patriarcado. En estos momentos oscila entre ser la segunda y la tercera gran empresa criminal en cuanto a beneficios a escala global.

Poderoso y triste caballero es Don Dinero, es la enseñanza que queda de los padres y consentidores de la esclavitud de nuestro tiempo…