Análisis de un 25 de Noviembre, como cualquier otro…

Cualquier día es un buen momento para plantearnos por qué siguen teniendo lugar casos de violencia de género, pero quizá el día 25 de Noviembre sea mejor que cualquier otro para hacerlo. En la fecha citada se celebra el Día internacional contra la violencia de género, y es muy probable que el hecho de haberse instituido cientos de celebraciones de diferente tipo ubicadas a lo largo de los 365 días del año, haga que esta fecha pierda fuerza para la sociedad.

Hablar de violencia de género suscita comportamientos incómodos e irascibles raras veces, o nunca vistos con respecto a otros problemas sociales, tanto en hombres como en mujeres. De este modo, no faltarán un 25 de Noviembre opiniones y/o preguntas como las siguientes:

• Por qué se dedica un día a las mujeres en el calendario y no a los hombres.

• Los medios de comunicación manipulan las estadísticas de casos de violencia, porque también mueren muchos hombres a manos de sus mujeres y nadie lo dice.

• Se cobijan muchas denuncias falsas, interpuestas por mujeres a sus maridos, bajo el abrigo de las medidas de protección en contra de la violencia de género.

Es probable que hayamos tenido la ocasión de escuchar algunas de estas afirmaciones, que sin duda presentan un negro panorama con respecto a la consecución de la igualdad entre mujeres y hombres. La desinformación y la falta de planes educativos que incluyan programas en torno a este problema social, hacen que 9 de cada 10 jóvenes en España declaren haber tenido al menos una vez comportamientos represivos o violentos con sus parejas. Un dato atroz que nos rebela como el 90% de los adolescentes y jóvenes masculinos de este país siguen perpetuando roles patriarcales basados en la desigualdad social y sexual de mujeres y hombres. Datos que contribuyen a comprobar como el tan denostado concepto de machismo se encuentra aun totalmente impregnado en la sociedad; tanto, que las generaciones en las cuales se depositará el futuro llegan a asumirlo sin apenas darse cuenta.

Resultaría vital que nos diésemos cuenta de que cerramos los ojos a la realidad, si no vemos como el machismo se encuentra en cada uno de los componentes que dan forma a una población como sociedad: el pasado, la educación, la economía, la cultura o el lenguaje. Es decir, que el que las mujeres apenas aparezca en los libros de historia salvo como agente principal de la vida doméstica; que aún tengan mucha mayor dificultad para acceder al mundo laboral y a los puestos de responsabilidad; o que sean ellas las que tengan que renunciar a un futuro laboral a cambio de lograr conciliar la vida familiar y en detrimento del trabajo de sus parejas…son solo algunos de los detalles que nos confirman tristemente que aún seguimos viviendo en una sociedad machista. Y estos solo son algunos aspectos que nos lo confirman, a los cuales podríamos añadir cientos.

Pero, ¿qué es lo que le ocurre a una sociedad para que no perciba la desigualdad en cada uno de sus frentes, y lo que es peor, la asuma con toda normalidad? Que no termine de comprenderse lo que significa el concepto de feminismo (asumiéndose como un ataque frontal a los hombres), o el que las mujeres sean consideradas las víctimas por excelencia de la violencia de género por la universalidad de sus casos, no ayuda en absoluto con respecto a una concienciación social. La desigualad de género es un problema social pandémico, pero también es un problema político. En estos días de efervescencia del temido terrorismo islámico, vemos como la gente se solidariza con las víctimas del país vecino. La cercanía es el dato más evidente del miedo social, y el que produce en las personas un efecto de mayor rechazo a un tipo de violencia que, por otro lado, también se ejerce en otros países y continentes ante la mirada impasible de los demás. Es muy probable que ambos problemas y terrores sociales no sean vistos por la sociedad de igual forma por lo diferentes que son, a priori, sus víctimas: hombres y mujeres por igual y sin distinción.

Y es que como ya dijera Simone de Beauvoir en su tiempo, el problema de la mujer siempre ha sido un problema de hombres, y hasta que estos últimos no lo sientan como suyo, la desigualdad de género seguirá siendo considerada para siempre un problema del todo marginal. Tiene sentido pensar que si los hombres siguen dominando los puestos de responsabilidad social y política, sea imprescindible que se comprometan en la lucha por la igualdad, ya que de no ser así, queda imposibilitada su consecución.

¿Os imagináis que con respecto al denominado terrorismo, la gente respondiese en referencia a las víctimas diciendo que por qué no habían denunciado o que algo habrían hecho? Algo así sería tan horrible que no cabe ni siquiera en la conciencia humana. Pero entonces, ¿por qué sí se manifiesta con respecto a la violencia y a los asesinatos de mujeres? Un 25 de Noviembre más, y como cualquier otro, se pone de manifiesto que seguimos sin avanzar en la solución de esta lacra, la cual, con más de doscientas mujeres asesinadas en los cuatro últimos años en España, sigue sin ser vista como un problema de primer orden o como un acto de terrorismo continuado. Tal vez sea por el casi imperceptible dato de que el terrorismo en cualquiera de sus formas lucha por acabar con el orden establecido, y el terrorismo de género lucha por mantener ese orden completamente intacto.

Un minuto de silencio, un 25 de Noviembre más, por el fracaso de nuestra sociedad.