Alterglobalización para la cultura (digital): repensar el modelo hegemónico

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“Life is not fair. It is tempting to believe that goverment can rectify what nature has spawned” Milton Friedman (Free to Choose, 1980)

“Vuela la cocaína por los despachos del Capital”
Pony Bravo (El político neoliberal, 2013).

Jerold Irwin Mander, fundador de Foro Internacional sobre Globalización, denunció de manera rotunda y hace pocos años el control que ejercen los medios de comunicación sobre nuestras vidas. Una industria que no hace dinero con cosas, sino con nuestras conciencias: las corporaciones mediáticas influyen en las costumbres y las relaciones sociales, es decir, en el cómo vestimos, qué comemos, qué compramos, qué votamos… Mander denuncia que existen siete empresas privadas (Fox News , Time Warner , Disney, Sony, Bertelsmann, Viacom y General Electric) que controlan el 70% de los medios de comunicación mundiales: controlan la televisión, satélites, agencias de información, redes por cables, revistas, radios, periódicos, editoriales, producción cinematográfica, conexión a Internet, distribución de películas… Todos los medios -subraya Mander- (hoy, a esa lista mediática, seguramente habría que sumar algún gigante social media). Al oír esto se nos eriza el pelo, un encrespamiento de lomo que no tendría que ser por miedo, sino una señal para pasar al ataque. En otras palabras, estas siete corporaciones controlan todo lo que la mayoría de la ciudadanía a nivel global puede llegar a conocer, lo cual significa, que moldean el sentido de la vida particular de cada persona. Esta es la globalización a la que se ha aspirado y se ha conseguido: el control de unos pocos sobre un todo global.

Estoy totalmente de acuerdo con Mander cuando advierte que la situación es desastrosa, y añadiría que estamos en una situación alarmante dejando en pocas manos algo tan excesivamente sensible y esencial para nuestro desarrollo como cultura y sociedad. Las expresiones culturales y su comunicación son los elementos nucleares y básicos en la formación de nuestra identidad como personas, pero también como sociedad, aspectos extremadamente sensibles de nuestra vida que no deberían controlarse por un puñado de corporaciones (Smiers y Van Schijndel, 2008). Urge repensar el modelo cultural digital que ha sobrevenido con Internet y que repercute en la propia red y fuera de sus fronteras (si hubiera algún afuera). Internet prometía otra cosa. La Red implicaba otra globalización. La globalización (económica) a la que asistimos no es globalización (cultural y digital). Y si no se quiere entender así, entonces necesitamos otra globalización, una alterglobalización.

Sea en un contexto como la Red como en cualquier otro contexto social, confrontar los términos globalización y alterglobalización implica poner en conversación las ideas de modernidad y altermondernidad, ya que participan de sus bases epistémicas y culturales. Hardt y Negri explican que el término altermodernidad indica una fractura decisiva con la modernidad y su esencia colonial, con la relación de poder que la define: la altermodernidad surge de las tradiciones de la antimodernidad (prácticas de resistencias a la modernidad que han sido extrapoladas hacia el concepto de antiglobalización), pero asimismo trasciende más allá de la resistencia y trata de plantear alternativas; la alterglobalización sugiere una línea diagonal que escapa del juego restrictivo de los opuestos globalización y antiglobalización (Hardt y Negri, 2011). La alterglobalización implica de manera necesaria una toma de poder de la multitud y de las reglas democráticas.

La tradición popular ubica simbólicamente la modernidad en el contexto europeo y la antimodernidad en contextos latinoamericanos. Sin embargo, una práctica altermundista o alterglobalizadora debe asumirse entre orillas de una manera igualmente simbólica, como de hecho así se desarrolla en muchos casos que funcionan como ejemplos interesantes, sólo por apuntar algunos: FCForum potenciado desde España y con una perspectiva colaborativa e internacional, el modelo de administración ecuatoriana apoyado sobre Open Source o el liderazgo de Brasil en su cruzada por una Internet libre.

Esta es la globalización utópica (que no quimérica) que prometía Internet y su contexto digital: un gobierno de nodos plurales que participan de un común y no de pocos nodos de poder que bajo la bandera de un supuesto ejercicio de libertad esconde la idea del control de libertades ciudadanas. No nos engañemos, el canto que Milton Friedman -ideólogo de la globalización vigente- realizó a la libertad era y es un canto desafinado. Una pieza musical de los años setenta que suena a falso punk económico o punk plutocrático (valga el oxímoron) con ciertos ribetes de poeta económico maldito descafeinado en la teoría, hasta que le llegó la hora de su “éxito” en la práctica. Podría decirse que el ritmo base de la globalización que estamos escuchando actualmente son las doctrinas neoliberales, y tales tesis están hermanadas con un sentido hobbesiano de la vida, aquel que hace del individualismo el motor -económico- natural de toda la sociedad. La base de la globalización (así como el denominado libre mercado) nunca será potenciar una verdadera libertad, puesto que su esencia se centra en el individuo como fuente de conflictos y descreencias ante el prójimo, así como la falta de fe en cualquier tipo de orden social que implique ideas como la filantropía o la solidaridad como ejes de organización. Retomando el contexto central de estas letras, tampoco podemos engañarnos: romper los mecanismos de control cultural de aquellas siete grandes corporaciones que denunciaba Mander es una labor titánica, pero por higiene social tenemos que emprender ese camino a través de las vías de la multitud democrática. Es necesario repensar los modelos de relación cultural en los que habitamos: es apremiante empoderar a la ciudadanía de las herramientas para producir información; es una emergencia tomar conciencia crítica del poder que implican estas herramientas y saber quién lo detenta actualmente para operar un cambio; es acuciante reflexionar sobre un nuevo marco comercial de distribución y exhibición audiovisual; es urgente reformular la gestión legislativa de un copyright excesivamente restrictivo; es perentorio facilitar a la educación un acceso a la cultura para que no se estrelle contra leyes inadecuadas de la propiedad intelectual; en definitiva, es obligatorio -y se me acaban los adjetivos que apelan a una acción determinante- que la ciudadanía consiga emanciparse del control que esos siete procuran sobre nuestro conocimiento, conciencias e imaginarios.

Referencias bibliográficas

Hardt, M. y Negri, A. (2011). Commonwealth. El proyecto de una revolución del común. Madrid: Akal.

Mander, J. (s.f.). Entrevista a Jerry Mander. Disponible en: http://www.youtube.com/watch?v=HmAuokdGLEQ

Smiers, J. y Van Schijndel, M. (2008). Imagine… No Copyright. Barcelona: Gedisa.

Para citar este artículo: Escaño, C. (2014). Alterglobalización para la cultura (digital): repensar el modelo hegemónico . Iberoamérica Social: revista-red de estudios sociales, II, pp. 19-21. Visto en: http://iberoamericasocial.com/alterglobalizacion-para-la-cultura-digital-repensar-el-modelo-hegemonico/