Algunas cuestiones de Sociología (Rural)

La Sociología ayer y hoy.

La Sociología comienza a vislumbrarse desde los intentos de Comte para consolidar una ciencia social que estuviera apartada de las especulaciones filosóficas y metafísicas que, según él, la alejaban de su integración al mundo científico donde se encontraba la biología, la física, la química y las matemáticas. Bajo esta tendencia, Comte le asignó el carácter positivo a la Sociología confiriéndole su cientificidad; este carácter “implicaba una educación del hombre, para que tomase una actitud positiva respecto al estado de cosas existente” (Marcuse, 1994, p. 319). En este primer intento, la Sociología positivista así definida como la ciencia que tenía como objeto a la sociedad se independiza de la ‘teoría social’ de ese momento –que no era otra cosa más que los fundamentos de la producción material bajo las posturas de la economía política como directrices para alcanzar la felicidad humana–, pero a la par de esta independencia se da paso a la delimitación de su campo de estudio y los fines de la misma –razón que la vuelve hasta cierto punto como una ciencia de acciones e investigaciones teleológicas, algo contrario a su origen– ya que “se limitará  a los hechos del orden social existente y, aunque sin rechazar la necesidad de la corrección y el mejoramiento, excluirá todo impulso que tienda a derrocar o a negar este orden. Como resultado de esto, el interés conceptual de la sociología positiva será apologético y justificador” (Marcuse, 1994, p. 332).

Así la Sociología en este periodo se encuentra como una ciencia productora (a partir de los conceptos que genera) y reproductora (utilizando el estado actual de las cosas) del statu quo. Es entonces como esta ciencia tiende a justificar el hecho de facto e inhibe la posibilidad de los individuos en cambiar ese estado de cosas debido a que ése representa el máximo estadio (el positivista) de la evolución humana y bajo el cual sólo mediante el orden, el progreso y el amor se alcanzaría la felicidad humana y de convertirla en el ser supremo (être supréme).

Con el devenir del desarrollo sociológico y las diferentes posturas encaminadas al cambio social a través del individuo capaz de modificar las estructuras que él mismo producía y reproducía, la Sociología fue resarciendo su ‘comienzo obscuro’, pasando por corrientes naturales como la de Spencer y otras críticas como en la Escuela de Frankfurt para llegar a nuevos campos de investigación como los propuestos por Luhmann, Habermas, Castells y otros. A partir de este nueva tendencia, la “Sociología se convierte par excellence en una ciencia de la crisis, que se ocupa ante todo de los aspectos anómicos de la disolución de los sistemas sociales tradicionales y de la formación de los modernos” (Habermas 1971, citado en Habermas, 1999, p. 19).

Partimos de una nueva definción de la Sociología, esta vez ya no como una ciencia específica, sino por el contrario una ciencia que asume un aspecto de transformación; bajo este nuevo enfoque se dilucidan otros aspectos relacionados a la sociedad. Las otras ciencias sociales se desarrollaron bajo diferentes particularidades que las fueron convirtiendo en subsistemas sociales (Habermas, 1999) y que a la vez dejaron cuestiones de investigación que la Sociología hoy como ciencia asume. Tanto la Ciencia Política como la Economía se han vuelto, en su afán de desarrollo, en ciencias especializadas que han perdido de vista las implicaciones de sus acciones dentro del contexto más amplio, esto es la sociedad.

Por ello, hoy la Sociología se convierte en la ciencia que abarca los subsistemas sociales dentro del seno de las transformaciones que se permean por una confluencia de factores directos e indirectos postulados dentro del desarrollo de la humanidad. Esto implica el análisis crítico del desarrollo de los grupos sociales y las consecuencias y beneficios que se generan a partir de los mismos (tomando el plano discursivo, ideológico, económico, político, cultural, etc.).

La Sociología Rural en perspectiva.

Una vez mostrado el panorama actual de la Sociología, es necesario mostrar su relevancia dentro del caso latinoamericano; surge para este caso específicamente el problema del desarrollo y el papel del Estado y la sociedad a partir de las tendencias del sistema económico predominante que influye de lleno en el contienente de diferentes maneras. Si bien es cierto que el continente constituye en gran medida el lugar de los países en ‘vías de desarrollo’, también es cierto que aún hoy bajo la modernidad existen particularidades que resultan un impedimento para los gobiernos nacionales y las empresas trasnacionales en el afán de un crecimiento económico.

Bajo las condiciones de crecimiento y desarrollo –que desde ahora hacemos la diferenciación conceptual que esto implica debido a que “cuando algo crece se hace cuantitativamente más grande; cuando se desarrolla, se hace cualitativamente mejor o, al menos, diferente” (Meadows & al, 1972, p. 22)– en nuestro continente y a nivel mundial, la Sociología se va encaminando en la crítica del sistema a partir de las implicaciones que tiene éste sobre los diferentes grupos sociales que convergen dentro del espacio lationamericano. En este caso, la ruralidad se convierte en un campo relevante dentro del continente no sólo como campo de acción, sino como de influencia y determinación de aspectos económicos, sociales y culturales que se ven en choque con los intereses capitalistas.

Así, la Sociolgía Rural, vista como una extensión especializada de la Sociología, entra en el campo de acción dentro del proceso de transformación y resistencia en los dos niveles sociológicos (el macro y el micro) donde la ruralidad se ve influida.

La Sociología Rural tiene sus primeros inicios en Estados Unidos en 1921 –aunque existen investigaciones que comienzan a entrever la situación del campo y sus integrantes desde 1918 en New York con la obra Rural Life– por la constitución de la sección de Sociología Rural en la American Sociological Society; “este concepto nació en el ámbito de intereses científicos que gravitaban en torno a la enseñanza y a la investigación más propias de las llamadas ciencias agrarias, y en modo particular de la economía agraria” (Marselli s/f citado en Benvenuti, 1971, p. 1066). Es hasta 1957 cuando comienza a verse este concepto dentro del espectro europeo y sobre todo de las formas en que ésta nueva especialización de la Sociología podía ayudar a la ruralidad norteamericana y europea; aquí entramos en la utilidad tanto de la Sociología como de su especilización –y en este sentido debemos mencionar que la especialización al ser una rama del todo es por inferencia una parte que conoce a éste y más allá, en este caso el mundo en la que se engloba;  “un sociólogo rural es ante todo un buen sociólogo” (FAO 1965 citado en Benvenuti, 1971)–. La formación en Sociología Rural, en contraposición con las otras especialidades de la Sociología, se enfoca no sólo en el conocimiento y la utilización de las herramientas metodológicas de la Sociología, sino que se relaciona con una serie de enfoques que implican en una formación más amplia respecto a las necesidades de abordaje de la propia ruralidad, vista como un campo de trabajo tan complejo que más allá de ser la contraposición de la Ciudad, con la cual tiene relación de dependencia mutua, subordinación y transformación, es una zona que se identifica por oposición tanto estuctural como económica, histórica y política de la modernidad establecida a través de la industrialización y su desarrollo como signo de modernidad, progreso y bienestar.

Así el sociólogo rural no sólo conlleva la formación teórica-metodológica que le aporta la Sociología general, sino que adquiere los conocimientos prácticos en relación a las actividades rurales  de producción (agropecuaria), organización (cooperativismo, cuestión agraria), identificación (histórica, étnica) y movilización (reinvidicación cultural). Todo con el fin de entender, comprehender y proponer soluciones que permitan a este sector desarrollarse a la par de los conflictos e intereses externos de la ruralidad.

Bibliografía

Habermas, J., 1999. Teoría de la Acción Comunicativa. Madrid: Taurus.

Marcuse, H., 1994. Razón y revolución. Barcelona: Altava.

Meadows, D. & al, e., 1972. Los límites del crecimiento. Primera ed. México: FCE.